domingo, septiembre 10, 2006

INMIGRANTES/2: ¿DERECHO AL VOTO?

Recientemente la polémica, aunque no tanta, ha surgido: ¿deben los inmigrantes tener derecho a voto? Igualmente, y ante los recientes acontecimientos de Londres, donde un grupo de insurgentes como diría la prensa socialdemócrata, pretendía volar aviones en pleno vuelo, surgió de nuevo al polémica sobre la integración de los inmigrantes y, en la prensa socialdemócrata incluso se llegó a analizar que occidente, así de grande, había fracasado en la integración de los inmigrantes. Por ello, opinamos sobre esto.
¿Deben poder votar los inmigrantes? Nuestra respuesta es clara: NO. Y ahora cabe la pregunta doble: en primer lugar, qué entendemos por inmigrante y, en segundo, por qué confesamos que no deben tener derecho al voto.
Cuando se habla del voto inmigrante se habla de aquellas personas que no cuentan con un pasaporte de la UE. Se podría excluir, por motivos obvios que en realidad se reducen a económicos, a los ciudadanos de los países ricos con lo cual, y para ser sinceros, al hablar de inmigrantes en realidad hablamos de habitantes de países pobres que vienen a España a buscar un medio de vida.

Pero, ¿por qué defendemos que los inmigrantes no deben poder votar? Pues precisamente, por su excesiva homogeneización de intereses. Efectivamente los inmigrantes, por sus características tienen unos intereses comunes y básicos generales que les hacen fácil presa del voto cautivo y caciquil. Precisamente por eso, los partidos, excepto ciertas formaciones nacionalistas como luego analizaremos, están de acuerdo en pedir su voto: se trata de un voto fácil de manipular porque las promesas a realizar son colectivas y específicas. Y, a su vez, fáciles de incumplir pues la propia dinámica social se encargará de hacerlas realidad para un bloque importante de esa población que creerá, sin embargo, que su mejora se debe a la intervención y preocupación política. Así, cuando los partidos, como elementos oligárquicos aunque no los únicos oligárquicos, deciden pedir el voto inmigrante lejos de su integración piensan en generar un clientelismo. Clientes con voto cautivo, ya se hace en varias autonomías, que votan al partido político reconvertido en cacique que ha donado graciosamente un derecho al pueblo.

Ahora bien, ¿y por qué CiU, por ejemplo, está en contra? Pues por la misma razón, pero al tiempo la contraria. CiU, como cualquier partido nacionalista, sabe que su voto tiene un fuerte componente paleto de afecto al terruño y que esa razón les aleja de los inmigrantes, que amarán su terruño también pero que resulta ser otro. Además, hay un problema en la política lingüística, siempre hábilmente explotada por los partidos nacionalistas como se puede verse en la colocación en la administración pública y cuya última tontuna ha sido pedir como requisito imprescindible saber gallego para apagar incendios, que aleja de ellos el voto inmigrante pues esto bastante tienen con socializarse en español como para aprender otras lenguas. Así, para los partidos nacionalistas el voto inmigrante es muy difícil de conseguir, pues serían ahora votos de primera generación, y por lo tanto no tenderían hacia el nacionalismo (ya veríamos en la segunda o tercera, pero ya estarían nacionalizados). Pero lo que importa aquí es que tanto a partidarios como detractores les mueve esa idea del voto uniforme y, por ello, fácil de manipular. Y por so, y solo eso, están a favor o en contra.

Ahora bien, ¿si no les damos el voto cómo integrarles? Porque aquí, según los voceros, se trata de integrar a los inmigrantes. Y es más, ¿no estaremos, al no darles el voto, condenándoles a una permanente posición social inferior? En primer lugar, si el análisis anterior es correcto el dar el voto al inmigrante sería desastroso para él pues precisamente se le da por su condición de no integrado y, por tanto, interesaría mantenerle en dicha disposición. Así, la concesión del voto inmigrante no sería sino, como en varias comunidades autónomas del país, una especie de voto cautivo que hay que conservar. Y para ello sería obligatorio, precisamente, conservar sus características, es decir: su marginalidad y no integración para que siga siendo, de manera perpetua, una masa uniforme en intereses concretos. Por todo ello, el voto inmigrante no es la respuesta a la integración sino, precisamente, su definitiva negación.

Pero ahora bien, ¿y la integración? Eso, pues esto ya es muy largo y la respuesta a su vez lo será, para otro artículo.

5 comentarios:

Ignacio dijo...

Creo que marea usted un poco la perdiz. Cualquier país (o en este caso la UE) debería tener fijadas unas condiciones claras para la ciudadanía.

El que no sea ciudadano no puede votar. Y si llega a serlo, nada en el mundo se lo podrá impedir.

Debatamos pues la ciudadanía.

Rafael Herrera Guillén dijo...

Espero su siguiente artículo. Este me ha parecido espléndido, lo comparta en todo o en parte.

Andrés dijo...

¿Quiere usted decir, que los mismos que ponen obstáculos a la entrada de inmigrantes, desean aprovecharse de que éstos algún día se encuentren en disposición de poder votar? No se extrañe de que puedan tacharlo de antisistema.

¿A quién escucharía lo de "ciudadano del mundo"? ¿y qué querría decir con aquello?

Espero impaciente su próximo artículo

Kwena dijo...

Yo voto sociata

Anónimo dijo...

Propongo un nuevo censo, en este se incluirá un dato fundamental y es la cantidad de oro que lleva el sujeto a cuestas. Con toda seguridad detectara a todos los canis, si los funcionarios son un poco avispados detectaran también a las candidatas a Jennys que se certificara por medio de un examen oral. Después ante la aparente carencia de cerebro de estos individuos y que el partido al que votaran se basa en factores absurdos y fáciles de captar por un sociólogo. Se les restringirá el derecho a voto para evitar que un partido ponga en su logo un collar de oro macizo que le otorgue miles de votos.

Los vagabundos tampoco pueden votar su debilidad económica y conciencia de grupo a raíz de que están bien jodidos les hace manipulables, para fomentar esto se puede aprovechar a la izquierda anticlerical, puesto que los vagabundos son ayudados por esta.

Al cabo de unos años de basarse en razones sociológicas para decidir quien vota y quien no, la democracia española sería más falsa que la orgánica de antaño, claro que ahora en vez de mamarrachadas reaccionarias nos basamos en la exacta ciencia de la sociología aceptando argumentos de peso como la "homogeneización de intereses" y su debilidad social.