miércoles, septiembre 21, 2005

EL FRACASO DE LA SOCIALDEMOCRACIA

Mientras en este país la izquierda disputa sobre estatut-os y prebendas territoriales, en Alemania, y por ende en todo el mundo desarrollado, está ocurriendo algo no solo preocupante sino fundamental: se está acabando con la socialdemocracia como forma de respuesta política al capitalismo. Efectivamente, si uno observa las últimas negociaciones de las grandes empresas alemanas con los sindicatos, y que en España tendrían su ejemplo en SEAT, se puede observar que se está negociando no qué se gana sino qué no se pierde. O dicho de otro modo: la empresa ya no ofrece mejoras sino que exige pérdida de beneficios a los trabajadores para no irse y dejarles a todos en la calle. Así, las nuevas negociaciones no son las clásicas en las cuales el sindicato busca nuevas mejoras sino que tienen un elemento hasta ahora no visto: quien presiona es el capital para eliminar derechos ya adquiridos.

El tema es muy interesante porque señala algo: el fracaso de la socialdemocracia como modelo ante el capitalismo y, con ella, el fracaso del estado del bienestar. La socialdemocracia se había presentado siempre con una doble faz: una cara era la del “mientras tanto llega la revolución”, cara a la que renunció ideológicamente hace tiempo; otra, la de la “humanización del capitalismo”. Se trataba de generar un pacto social entre el beneficio capitalista, que no se negaba, y los derechos sociales de los trabajadores cuya finalidad última era, renunciando ya a la superación del capitalismo, la humanización de la explotación capitalista y la creación de una realidad neutra: el “estado del bienestar”. Sin embargo, no se contó con algo: del mismo modo que el matón solo negocia con quien cree poderoso, el capitalismo solo negoció su “rostro humano” ante la fuerza.

Por ello, y para analizar este fracaso, hay primero que plantear por qué triunfó la socialdemocracia pues así podremos comprender, a su vez, su derrota. Su triunfo se debe a dos factores: por un lado -un factor interno del propio capitalismo- a una necesidad del propio sistema de generar un mercado para lo cual era necesario una población que pudiera consumir y, con ello y otro fenómeno no siempre atendido, generar el propio consumo, la cultura del ocio que ahora dicen los tontos izquierdistas, como producción económica; en segundo lugar, la amenaza del bloque soviético que llevó a la idea de que no era sostenible socialmente una realidad como la anterior a la segunda guerra mundial y que la mejor forma de eliminar la amenaza de la revuelta social hacia Moscú, independientemente de que Moscú fuera una dictadura terrible, era garantizar unas condiciones de vida que la evitaran. Así, paradójicamente, el triunfo de la socialdemocracia no era suyo sino obra de otros. Es decir: la socialdemocracia no ganó nada sino que fue puesta ahí por los mismos que ahora, inútil ya, pretenden acabar con ella.

Pero, ¿por qué la socialdemocracia es ya inútil? En primer lugar, porque las realidades que la hicieron surgir como hecho político dominante han cambiado. La URSS, y con ella su amenaza, ha, afortunadamente, desaparecido; segundo, el consumo es ya una realidad productiva, y tal vez la más importante. Efectivamente, el consumo no ha producido una liberación -la sociedad del ocio: una realidad social en la que escapar de la producción capitalista- sino que él mismo se ha consagrado como la producción capitalista por excelencia. Así, la explotación capitalista ya no se reduce al campo del trabajo sino también al del consumo, cerrándose el círculo. Y con ello, la producción ya no es vital en el sistema de cada país.

Pero, en tercer lugar, ha ocurrido otro hecho importante: nuevos países, mano de obra, se han incorporado al mercado. Y no se trata sólo de una mano de obra barata y no cualificada, tipo tercer mundo, sino de obreros cualificados que están dispuestos a cobrar menos, porque menos allí es más, que sus homólogos occidentales. Es decir: carne de cañón para el permanente chantaje capitalista. Si antes el chantajista podía ser a su vez chantajeado aprovechando las circunstancias, ahora esas mismas circunstancias favorecen sólo a un miembro de la dualidad.

La socialdemocracia ha caído como realidad política. Fue incapaz de preparar un discurso para esta ocasión, pues ella misma convirtió lo que era una táctica, paulatinas reformas, en el planteamiento final. Con su idea de, por un lado, aceptar que el capitalismo podía ser amansado respecto a los valores de la Ilustración y, por otro, desechar de su discurso político todo contenido de moral ilustrada, reduciéndolo a gestión de la propia producción capitalista en el consumo, la socialdemocracia cavó su propia fosa del mismo modo que los filisteos (y el ejemplo no es baladí) al pretender amansar a Sansón. Así, la socialdemocracia ya no es izquierda (y eso se puede ver en Zapatero o en Schroeder ) sino reformismo bienintencionado (y el auge de las ONG y su apoyo dan pistas sobre esto).

Pero ello nos lleva a otro tema: ¿y ahora qué?

6 comentarios:

Villenerías dijo...

¿Y ahora qué???

Anónimo dijo...

Tiene usted, señor mesa, respuesta a su comentario del otro día en A sueldo de Moscú en http://www.crisishoy.blogspot.com
Espero sea de su agrado.

David dijo...

La verdad que la socialdemocracia como teoría política hace tiempo que ha caido, como paradigma político tb. Yo diría que a partir del auge del neoconservadurismo en los años 80 con Reagan y compañía.
Luego el mundo globalizado ha terminado con su paradigma económico, esto es, el keynesianismo. Si se aumenta la demanda interna a base de subir los impuestos a las empresas para proyectar campital sobre la ciudadanía, las empresas se deslocalizan y punto.
Y es que el capitalismo tardío en la etapa actual es incompatible con el estado del Bienestar. Estamos en franco retroceso en cuanto a políticas de izquierdas. Creo que la alternativa pasa por un cambio radical para el cual no hay ahora motivaciones en la ciudadanía. Ya veremos cuando los derechos adquiridos hasta ahora se vean mermados más aún si hay alguna reacción.

joaquim dijo...

La caída del llamado comunismo dejó a la socialdemocracia sin futuro. Mientras existiera la URSS los políticos y sindicalistas reformistas podían ir tirando, convenciendo a los capitalistas de su utilidad para frenar la Revolución; desaparecido el coco, los capitalistas ya no necesitan la socialdemocracia para nada, y les han dicho que se busquen otro empleo.

Lo divertido del asunto es que el coco más que miedo debía haber dado risa.. Que hubiera quien creyera en que "aquello" que había en la URSS, Europa del Este, Cuba, etc, era el "Paraíso de los Trabajadores", da idea de la ingenuidad y la falta de información conque se ha manejado buena parte del movimiento obrero internacional durante lustros. Patético, simplemente.

Jose R. dijo...

Hombre decir que la "socialdemocracia" está muerta cuando sigue gobernando bastantes países y el "paradigma" de la redistribución tampoco es que esté finiquitado, es muy osado, bastante postmoderno diría. De hecho en el mundo globalizado la afiliación sindical se está recuperando en toda la Europa occidental (excepto en Francia).

Enrique P. Mesa García dijo...

Antes de nada, D. Jo´se, decirle que no conocía la página y que solo puedo feliciatrle por ella. Y ahora vamos un poco al grano.
1.- ¿Dónde gobierna la socialdemocracia clásica? Fíjeseque por estas fechas, ZP, el nuevo ídolo de la izquierda, se ha calificado no de socialdemócrata sino de demócrata social. Sospecho que hay más un liberalismo reformista, tipo anlosajón, que una socialdemocracia cuyo ejemplo sería la alemana.
2.- ¿Posmoderno? Que va. Mire, yo creo que si se habla desde la creencia de que existe la verdad, y la primera que renunció a ella fue la socialdemocracia, no se es posmoderno. Se puede estar equivocado, pero no posmoderno. Y de todas formas me parece que la posmodernidad es bastante interesante y genera muchas cuestiones de una manera acertada.
3.- La afiliación sindical tampoco demuestra casi nada. Porque los sindicatos se han convertido en casi empresas de servicio o seguros laborales, que también deben serlo, y han dejado su faceta de clase, fundamental, y su faceta reivindicativa general (no la gremial).