jueves, septiembre 21, 2017

CUESTIONES FUNDAMENTALES SOBRE EL DERECHO A DECIDIR

Si LaMoraleja (urbanización millonaria de Madrid) 
exige su Derecho a decidir 
al grito 
La chusma nos roba, osssssea
¿Podemos les apoyará?

lunes, septiembre 18, 2017

PATRIARCADO Y FEMINISMO DE ÉLITE/y 3: FEMINISMO DE ÉLITE

Con el presente, llevamos tres artículos en esta serie, pero tranquilos que ya acabamos. En el primero, refutamos la Teoría del Patriarcado. En el segundo, y apoyando esa refutación, reflexionábamos sobre cómo el Capitalismo había logrado, en su propio interés, desarrollar la igualdad entre hombres y mujeres. Y en este tercero pretendemos desvelar por qué, si es falsa, se sigue defendiendo la Teoría del Patriarcado. Y la explicación es porque sirve para un feminismo de élite.

Efectivamente, todo este conglomerado de presunta defensa de la mujer desde perspectivas falsas, es utilizado por una oligarquía femenina para la defensa de sus propios intereses. No cabe duda de que la igualdad de la mujer es un derecho social por el cual hay que luchar pues todavía no se ha conseguido. Del mismo modo, hay que luchar por la igualdad de derechos del colectivo homosexual,  contra el racismo o por los derechos de otros grupos marginados. Pero estas luchas no significan necesariamente que sean luchas de contenido revolucionario, pues resulta evidente que una sociedad capitalista, y cada vez se está dando más, pueda ser absolutamente no racista, que defienda los derechos de los homosexuales o, también, que realice una absoluta igualdad entre hombres y mujeres. Y esto es así porque en el Capitalismo no existe un solo elemento que determine desde su producción económica estas diferencias, pues para él todos los seres humanos son mercancías que solo sirven para la producción de beneficio, dando igual sus gustos personales, su color de piel o su sexo biológico.

Pero, ¿a qué llamamos feminismo de élite? El feminismo de élites es aquel feminismo defendido por sectores sociales dominantes y que pretende, sin tocar para nada esta estructura social donde unos tienen más poder que otros, ingresar dentro de la estructura dominante alegando para ello un discurso feminista. Lo llamamos de élite porque su objetivo último es que ciertas mujeres, que ya están en la oligarquía social, aumenten su poder en las grandes empresas o en los movimientos sociales y políticos o en la universidad, defendiendo supuestos reclamos feministas, como las cuotas, que solo les importan y benefician a ellas. E igualmente, porque este movimiento feminista oligarca olvida los problemas reales que actualmente tienen las mujeres en su camino hacia la igualdad en la vida cotidiana como por ejemplo, y por poner el caso más evidente, la maternidad y el cuidado de los hijos en relación al desarrollo laboral, preocupándose más del lenguaje inclusivo y de descubrir a la ultimísima pensadora olvidada para aumentar sus publicaciones.

El feminismo de élite, que es el que está detrás de todas estas teorías del Patriarcado, busca así adquirir los mismos privilegios que ciertos sectores sociales masculinos, también élite, tienen sobre otros sectores sociales tanto masculinos como femeninos. Lo que quiere en realidad es que la oligarquía tenga un 50% de oligarcas y de oligarcos –obsérvese mi solidario uso del lenguaje inclusivo- y con ello entrar en el reparto de la dominación social.

Así, mientras cualquier mujer sabe que corre riesgo de perder su puesto de trabajo al quedarse embarazada o por el cuidado de sus hijos, sin embargo lo que ha triunfado socialmente es decir todos y todas y defender la teoría de que la historia de la humanidad ha sido la historia de la explotación de los hombres sobre las mujeres. Es un feminismo de élite porque lo que pretende no es defender los derechos sociales de la mujer, que todavía siguen siendo vulnerados, sino defender a un sector específico de mujeres que pertenecen a un grupo social determinado para mantener y aumentar su propio control social y su poder en su ascenso en la oligarquía social.

Pero además hay otro factor fundamental para la defensa de este feminismo de élite y es la creación de un nicho de mercado laboral exclusivo para este sector oligarca de mujeres. Así cualquiera universidad que hoy en día se precie tiene que tener unos estudios sobre género y cualquiera de estas mujeres de la oligarquía puede escribir sus dos libros sobre filósofas, científicas, matemáticas, o escritoras olvidadas en el tiempo y compararlas, con rubor o sin él, con razón o sin ella, con autores clásicos. Así, Hipatia compite con Platón o con Aristóteles, y una monja medieval, famosa por tener visiones místicas y seguramente un caso psiquiátrico, compite intelectualmente con Tomás de Aquino, que por cierto también tenía visiones pero no sólo. E igual ocurre en los partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales donde secretarías de igualdad y género desarrollan nichos de promoción social. Y lo importante de esto es que no se lucha objetivamente, aunque ellas puedan actuar de buena fe, por la igualdad de la mujer sino para reescribir la historia y que las mujeres de la élite social tengan una justificación ideológica de su propia existencia como jerarquía dominante lejos de la pura y dura explotación social. El objetivo es presentarse a sí mismas como esas excepciones brillantísimas que han logrado triunfar en un mundo de hombres. Y mientras que oligarcas y oligarcos se reparten el poder al 50%, el resto de la población dice todos y todas cuando en realidad son unos pocos –y sí, seamos inclusivos, pocas- los relevantes.

UNA CONCLUSIÓN
La Teoría del Patriarcado no explica en absoluto la historia. Esta no ha sido la dominación de los hombres sobre las mujeres sino que su explicación viene dada, al menos hasta el Nuevo Capitalismo, por la posesión de los medios de producción. Así, no existen hombres y mujeres como protagonistas de la historia, sino grupos sociales determinados por la posesión o no de los medios de producción.

Además, la Teoría del Patriarcado es un producto ideológico elitista que pretende legitimar las ambiciones oligarcas de un grupo social concreto, las mujeres de la propia oligarquía, para conseguir mayor poder y que se constituye en un feminismo de élite para ello. Este feminismo tiene como objetivo prioritario no la liberación de la mujer sino la adquisición de más poder social para la oligarquía femenina. Su objetivo último no es la lucha por los derechos de la mujer, todavía necesaria, sino por su propia promoción social.

Y UN EPÍLOGO
Estaba yo en un instituto, hará ya 15 años, cuando las profesoras más progresistas del centro montaron una exposición: Mujeres en la sombra, se llamaba. Consistía, y era justo, en destacar el trabajo de las mujeres en el campo de la ciencia y que no había sido reconocido,  pero sí el de sus maridos o familiares masculinos. Curiosamente, todas aquellas mujeres olvidadas eran de buena clase social. Así que yo propuse que tras acabar esa exposición, y era justo, hiciéramos otra: Servidumbre en la sombra, donde mostráramos a todos los criados, mujeres y hombres, que esas mujeres injustamente olvidadas a su vez habían tenido y que nunca habían podido destacar en ningún trabajo intelectual.
Y ellas me miraron y me dijeron: tú eres un machista.

sábado, septiembre 16, 2017

SE NOS PASÓ LA GLORIOSA DIADA, pero...

Que se nos ha pasado lo de la Diada. Y que de verdad lo sentimos. pero es que son muchas cosas importantes.
Que si Corea del Norte, que si la crisis de los rohingya, que si empieza el curso, que si la sonda Cassini, que el inicio de la Champions, que me he comprado un canapé de cama, que si...
Lo sentimos mucho.
Porque si hay algo que amamos es sin duda ver a la gente cantar himnos campesinosy mostrar trapos de colores.
Es tan conmovedor...


lunes, septiembre 11, 2017

PATRIARCADO Y FEMINISMO DE ÉLITE/2: LIBERACIÓN DE LA MUJER Y CAPITALISMO

En el artículo anterior de esta serie estuvimos analizando la Teoría del Patriarcado y demostramos que dicha teoría resultaba una falsificación de la historia pues era incapaz de explicar la diferente estratificación social. Efectivamente, analizábamos allí cómo la división en grupos de poder interclasista entre hombres y mujeres era incapaz de explicar los hechos históricos. Ahora, continuando con esta crítica a la Teoría del Patriarcado, pretendemos analizar el motivo por el cual el Capitalismo ha contribuido de una forma extraordinaria a la emancipación de la mujer, cosa que, de nuevo, la Teoría del Patriarcado es incapaz de explicar cómo vamos a ver.

Efectivamente, hay más hechos de los señalados en el artículo anterior que falsifican la Teoría del Patriarcado y afirman la preeminencia de la producción como causa última. Y el fundamental es la relación entre el presunto Patriarcado y el desarrollo del Capitalismo. Fuera de toda duda, el Capitalismo ha sido el sistema económico bajo el cual ha habido una mayor liberación de la mujer. La pregunta, de ser cierta la Teoría del Patriarcado, es por qué esto ha sido así si la causa última es el dominio de los hombres sobre las mujeres, pues en el Capitalismo sigue habiendo hombres y mujeres. De nuevo, el Patriarcado como explicación del desarrollo histórico queda así en entredicho pues es incapaz de explicar a qué se ha debido todo el proceso de la liberación de la mujer dentro del sistema capitalista sin recurrir a épicas historias del movimiento feminista liberalizador, tan falsas como las épicas historias del movimiento obrero, por cierto. E igualmente, tan interesadas.

Si analizamos la historia de acuerdo al desarrollo de las fuerzas productivas, tal y como hemos defendido aquí, resulta posible e incluso sencillo explicar el motivo por el cual el Capitalismo ha liberado a la mujer. Esto se debe a una serie de factores.

En primer lugar, el desarrollo del Capitalismo implica la Revolución Industrial y con ella la aplicación de la tecnología al proceso productivo. Esto conlleva que la fuerza física bruta de los seres humanos no resulte indispensable para la inmensa mayoría de los trabajos puesto que es sustituida por la tecnología. Por este motivo, la mujer se puede incorporar de una forma masiva a la producción económica pues la fuerza física ya no es requerida para el trabajo. Y esto conlleva que al situarse en un plano de igualdad en la explotación económica como fuerza productiva la mujer tienda a escalar socialmente hacia el puesto de los mismos hombres explotados: igualdad en la explotación es igualdad social.

En segundo lugar, el Capitalismo ya no solo crea una producción de nuevos objetos físicos sino que,  a través del consumo,  genera la conversión de la propia vida humana, tanto en el tiempo de trabajo como en el ocio, en producción de beneficio. Para desarrollar esta producción ya no es necesaria la fuerza bruta sino sólo la capacidad de adquisición económica. Y para poseer esta, a su vez, es indiferente pertenecer a un sexo o a otro pues se trata de una abstracción social que no guarda relación con la forma biológica concreta. Así, la producción de beneficio ya no está necesariamente relacionada con el sexo biológico y la fuerza bruta.

Por último, y en tercer lugar, la unificación entre el desarrollo tecnológico y la creación de un mercado absoluto, en todos los momentos de la vida, lleva a dos aspectos fundamentales de la liberación de la mujer que, aunque parezcan muy simples, deben ser reseñados. Por un lado, la aparición de los electrodomésticos, que permite a la mujer dejar a un lado lo que hasta ahora había sido su tarea prioritaria en la división social del trabajo. A su vez, la creación de la educación obligatoria les permite liberarse parcialmente de la crianza de los niños facilitando su presencia en el mercado de trabajo. Por último, la revolución sexual con los métodos anticonceptivos le permite manejar su propia reproducción, con lo que es capaz de planificar su vida de acuerdo a las condiciones sociales de producción. Todo ello, lleva a que el sexo femenino adquiera un nuevo protagonismo social a la altura masculina en la producción económica y que solo la cultura de contenido machista, todavía presente como residuo del pasado, le impida alcanzarlo en su vida diaria y concreta.

De esta manera, y no paradójicamente, en el Capitalismo está el triunfo definitivo de la liberación de la mujer, pues en él ya es absolutamente despreciable la pertenencia a un sexo o a otro en la relevancia productiva y de poder. Esto lleva a la paradoja de que el feminismo debería defender el Capitalismo, pues sin lugar a dudas ha sido el elemento histórico fundamental en el desarrollo de la igualdad. Así, el Capitalismo libera a la mujer en cuanto a su discriminación sexual, aunque no como ser humano en su explotación absoluta.


Efectivamente, el feminismo que adopta el discurso de la Teoría del Patriarcado tiene que reconocer que con el Capitalismo aquel ya no se produce y que de hecho, y cada vez con mayor frecuencia, las mujeres ocupan los cargos que hasta ahora, y merced a la división social del trabajo, se reservaban a los hombres. Por lo tanto, el Capitalismo significaría el fin del Patriarcado y con ello el fin, de acuerdo a la Filosofía de la Historia que explicaría la causa última de todos los hechos sociales acaecidos en la explotación de los hombres sobre las mujeres por su sexo biológico, de la propia historia. El Capitalismo es el final feliz de la Teoría del Patriarcado.

Pero, nos queda una última parte de este análisis. Se trata efectivamente de presentar como toda esta teoría absolutamente falsa sobre la historia sin embargo se sigue manteniendo porque interesa o un grupo oligarca que ha decidido crear una nueva ideología que podríamos llamar feminismo de élite. Pero, dándole aún mayor misterio, eso será otro día.

miércoles, septiembre 06, 2017

VIDA INTERIOR/165: EL RETRATO DE DORIAN GRAY

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz.


Yo no me fiaría...

lunes, septiembre 04, 2017

PATRIARCADO Y FEMINISMO DE ÉLITE/1: REFUTACIÓN DE LA TEORÍA DEL PATRIARCADO

La Filosofía de la Historia pretende algo más que el estudio de la Historia. La Historia, como ciencia académica, pretende describir los hechos ocurridos y dar una explicación de los mismos relacionada con su contexto determinado. Sin embargo, la Filosofía de la Historia pretende encontrar una causa común y última entre todos los hechos de la historia de la humanidad y, por lo tanto, encontrar el fundamento último de ellas.

Este artículo trata sobre una Filosofía de la Historia. En concreto, aquella que defiende que el Patriarcado es la causa última de la Historia y que esta se explica sustancialmente como la explotación y dominio de los hombres sobre las mujeres. Y  pretendemos dos cosas.
En primer lugar, y en este artículo y el siguiente, refutar esta Teoría del Patriarcado.
En segundo lugar, demostrar, al hilo de lo anterior y en el tercer artículo, que existe un tipo de feminismo de élites cuya finalidad social y última es defender los intereses de las mujeres que forman parte de la oligarquía creando para ello una ideología en su entorno.

Entendemos por Teoría del Patriarcado la explicación que defiende que en la Historia siempre ha existido un gobierno de los hombres sobre las mujeres, de forma interclasista, y que dicha situación es la explicación última del desarrollo histórico. Es decir, la división fundamental de la sociedad sería que los hombres conformarían un grupo social dominante por su sexo frente a las mujeres dominadas. Este hecho, además, sería la causa última del proceso histórico y explicaría lo ocurrido en la Historia como un permanente lucha no de clases, como diría el clásico, sino de género  masculino-femenino.

Así, del mismo modo que la Filosofía de la Historia de la izquierda situó en la propiedad, desde Rousseau, la causa última de los hechos históricos y luego afinó en las relaciones de producción con Marx, la Teoría del Patriarcado pretende explicar la Historia como un conflicto permanente de sexos. De esta forma, el machismo como fenómeno social se explica en la Teoría del Patriarcado ya no como consecuencia de otro fenómeno que lo preceda sino como la causa de todo el proceso histórico: los hombres oprimen y las mujeres son oprimidas. Por lo tanto, en la Teoría del Patriarcado se pretende explicar el acontecer de los hechos históricos de acuerdo a una causa última determinada donde las mujeres son permanentemente víctimas por el hecho biológico de ser mujeres y los hombres son permanentemente verdugos porque tienen pene (aunque algunos sin exageraciones, no se me emocionen ustedes).

Comencemos por analizar si la Historia puede explicarse de acuerdo a la Teoría del Patriarcado. Resulta evidente que las mujeres han estado discriminadas y han tenido menos derechos que los hombres y, por lo tanto, debemos admitirlo como una realidad histórica. Pero, este hecho por sí solo no da la razón a la Teoría del Patriarcado, sino que esta sólo sería verdadera si dicha dominación fuera causa última no sólo de sí misma sino también de todos los demás fenómenos históricos. Es decir, si ser hombre o mujer era más relevante socialmente que pertenecer a un grupo social económico o a otro.

Y aquí es donde entra el problema. Pues resulta evidente que si bien el poder, en su extensión más amplia posible, ha sido desigualmente repartido entre hombres y mujeres sin embargo, de ser cierto el Patriarcado, no debería haber hombres sin poder social ni mujeres con él. Es decir, si la causa de la estratificación social fuera el Patriarcado, lógicamente no podría haber en esa jerarquía mujeres por encima de hombres como forma objetiva social, y no como excepción. Y , sin embargo, esto ha sido así en todos los momentos de la historia, al menos desde la aparición de la agricultura. Y no estamos hablando de excepciones puntuales sino de hechos objetivables socialmente. Las aristócratas estaban por encima de los esclavos o de los plebeyos y las burguesas por encima de los obreros. No se entiende ahí bien el Patriarcado, pues, de ser realmente la causa última este gobierno interclasista de los hombres sobre las mujeres, los hombres, por el hecho de serlo y todos los hombres, estarían por encima socialmente de las mujeres. Por tanto, no puede ser el Patriarcado la causa última del proceso histórico sino una consecuencia, en todo caso, y del mismo modo como lo sería, por ejemplo, la desigualdad económica o cultural.

Pero, ¿negamos entonces que las mujeres hayan estado en una posición social por debajo de los hombres? No, en absoluto ¿Entonces por qué hay machismo? ¿Cuál sería la causa última de la diferente distribución de poder entre hombres y mujeres?

Ya hemos señalado que no podría ser el Patriarcado pues eso implicaría que la división social se hubiera hecho siempre sobre la base sexual y no resulta cierto. Por lo tanto, si creemos que debe haber una causa última, es decir: si defendemos una Filosofía de la Historia, tiene que ser otra. Y tiene que ser una que permita explicar como una de sus consecuencias el diferente trato dado a mujeres y hombres y, a su vez, por qué en la actualidad existe mayor igualdad que nunca. El problema es, por tanto, encontrar una causa última capaz de explicar tanto que haya mujeres que tengan más poder que hombres en la estratificación social objetiva (aristócratas frente a plebeyos, por ejemplo) como que entre dos personas de la misma posición social haya habido preferencia por el sexo masculino.

Si situamos como causa última de la Historia la producción económica, tal y como hace el marxismo, podríamos explicar ambos problemas.

En primer lugar, la posesión de los medios de producción divide la sociedad en grupos sociales desiguales: los que los poseen y los que no. Lógicamente, tienen mayor poder los que los poseen y menos poder los que están desposeídos. Y eso explica la estratificación social objetiva en grupos que, de acuerdo a su posesión o no de los medios de producción, tienen más poder social o menos.

Ahora bien, ¿qué explicaría que en una misma clase social las mujeres resulten perjudicadas sistemáticamente, y no de forma individual? ¿Acaso eso puede explicarlo esta causa última?

Esto también se podría explicar convincentemente si situamos la causa última como la producción económica. Efectivamente, si vemos la historia de los distintos sistemas productivos veremos como en ellos, a excepción del Capitalismo que por esto será tan importante en la liberación de la mujer, la producción material ha sido la característica fundamental del sistema productivo. A su vez, esta producción tenía como elemento básico la fuerza de trabajo humano explotada por la limitación de la tecnología. Y aquí es donde aparece el machismo. Habiendo dimorfismo sexual en la especie humana, el hombre es mayor y más fuerte muscularmente hablando que la mujer, el resultado es que su fuerza de trabajo se apreciará más que la de la mujer, que quedaba relegada a funciones reproductivas y de intendencia. No se trataba por tanto de un machismo como causa sino como consecuencia del trabajo explotado por la forma de relación económica. Así, la mano de obra explotada era masculina por su mayor fuerza física y era esta la causa de que los hombres fueran más apreciados que las mujeres, del mismo modo que se seleccionaban las plantas en la agricultura, los mejores especímenes en la ganadería o se mata a los pollos y no a los pollos hembra –es que ponerlo en femenino quedaba feo…-.

En definitiva, los hombres eran los preferidos para ser explotados y por eso, paradójicamente, tenían mayor relevancia social: como las mejores ganaderías tienen más fama en los mataderos llamados plazas de toros.


De esta forma, y resumimos esta parte, el Patriarcado es falso porque nunca existió un sistema que se basara en la explotación sistemática de los hombres, lo que implicaría al universal masculino, sobre las mujeres. En vez de eso, fue la desigualdad en la propiedad de los medios de producción la causa última del desarrollo histórico. Y como tal, el machismo y la desigualdad de las mujeres es una consecuencia de aquel.

Pero, ¿entonces por qué las mujeres han sido sistemáticamente discriminadas frente a los hombres?

Yo es que ahora estoy cansado, uno se hace mayor, pero en breve se lo cuento.