lunes, febrero 13, 2017

DE NUEVO, DIRIGIENDO A LAS MASAS

Con la modestia que me caracteriza
¿Por qué soy tan sabio?
¿Por qué soy tan inteligente?
Les invitó a nuestra mesa redonda del próximo día 22 de febrero donde vamos a intentar explicar por qué vamos a la huelga el día 9.
La LOMCE sigue vigente, no lo olviden.

sábado, febrero 11, 2017

MAQUIAVELO VUELVE DANDO LECCIONES SOBRE PODEMOS

La idea clave de la filosofía política de Maquiavelo, olvídense ustedes de ñoñerías, es que la finalidad última del Príncipe es mantener y acrecentar su poder. Es decir, que toda institución con poder tiene como objetivo primordial, al cual va a sacrificar todos las demás, seguir manteniéndose con dicho poder o acrecentarlo. Y esta finalidad última, si bien Maquiavelo por motivos históricos la sitúa en la figura personalizada del príncipe, la sociología posterior nos ha señalado que pertenece no tanto a las voluntades particulares sino a la institución como pura entidad objetiva y, por lo tanto, como sujeto. Esto quiere decir que las instituciones con poder, como por ejemplo un partido político determinado, tiene como finalidad lograr más poder y que este objetivo no es necesariamente la finalidad de cada uno de los individuos que la conforman. Las personas pueden ser idealistas, o no. Lo maquiavélico no son los individuos sino las instituciones políticas. Y en esta tensión permanente entre la institución como sujeto y los ideales personales, la política se desarrolla. Y nos ayuda a usted, a mí y a todos.

Todo lo que ahora está ocurriendo en Podemos, como todo lo que ocurrió antes en el PSOE, es producto de las primeras elecciones celebradas en diciembre del 2015. Efectivamente, en esas elecciones es donde se dibuja perfectamente el futuro panorama político español y en concreto la crisis a las que se van a ver abocados tanto el Partido Socialista como posteriormente Podemos. Cuando Pedro Sánchez, para salvar su liderazgo, procede a intentar conseguir llegar al gobierno, Podemos se niega a darle su apoyo. En una versión infantil del asunto, el equipo de Sánchez pretendería llegar al Gobierno para salvar a España del Partido Popular y Podemos se negaría a apoyar al Partido Socialista porque consideraba que no podría cumplir con él su proyecto de transformación de la sociedad española. No está mal, si se cree en los cuentos de hadas sin embargo la realidad es otra.

Pedro Sánchez era consciente, como después se demostró, de que la única forma que tenía de salvar su liderazgo era conseguir llegar a ser presidente de gobierno pues el Partido Socialista no hubiera podido prescindir entonces de él como secretario general. Eso explica su insistencia en llegar a dicho cargo y también que estuviera dispuesto a pactar con Ciudadanos. A su vez, que Podemos no pactara con el PSOE no se explica por una especie de pureza ideológica, sino porque consideraba que en unas segundas elecciones conseguiría superar al partido socialista en votos y escaños y entonces se situaría como la fuerza fundamental de la izquierda española y no sólo de ella sino también como el proyecto alternativo al Partido Popular. Por lo tanto, en ambos casos se trataba de una lucha por mantener y acrecentar el poder. Y lo que ocurre, y que explica todo lo que ha pasado después, es que el cálculo era erróneo, se había desarrollado  mal la primera condición que Maquiavelo había puesto al gobernante que era la astucia, y todo el proyecto fracasa tanto para Pedro Sánchez como para Podemos.

Efectivamente, los dos grupos políticos bajan su número de votos en las siguientes elecciones y por lo tanto disminuyen su capacidad de poder. Y aquí vuelve de nuevo Maquiavelo.

Esto ocasiona un cataclismo que en ambas organizaciones es aprovechado por el sector que busca incrementar su poder para poner en jaque al que hasta entonces había dominado la institución. Se declara una guerra civil cuya finalidad última tampoco es mantener la pureza de la institución y los grandes ideales, sino conquistar el poder por parte de unos y mantenerlo por parte de otro.

La historia del PSOE ya la conocemos y sabemos que en breve Susana Díaz, probablemente la más inútil de todos los posibles candidatos a acceder a la secretaría general, nos dirá que llevada por su obligación política va a intentar conseguir el máximo puesto de representación del mismo. Y habrá gente que la crea.

Pero lo que nos interesa ahora es la historia de Podemos. Recordemos algo fundamental de nuevo: el maquiavelismo no se aplica directamente a los individuos, que podrán ser egoístas o altruistas, idealistas o interesados, sino que se aplica a la institución y a la lucha institucional. Cuando Podemos hace la apuesta por el sorpasso y se niega a apoyar a Pedro Sánchez por ello, hábilmente el sector errejonista vincula esta decisión a la figura personal de Pablo Iglesias. Esto es así porque sabe que si triunfa, y hubiera habido sorpasso, la situación hubiera sido la misma para ellos pero que si fracasara, tal y como realmente ocurrió, la situación les beneficiaría de forma extraordinaria con vistas al próximo congreso que debía celebrarse. Así los errejonistas actuaron hábilmente de acuerdo al principio de la astucia maquiavélica: dejaron manos libres al príncipe para que éste actuara conociendo que ninguna circunstancia, ni el éxito ni el fracaso, les restaba poder aunque una les permitiría acrecentarlo.

Lo cierto, es que el sorpasso no se da, la unión con IU genera más problemas que soluciones, aparte de hacer desaparecer a IU, y el paraíso se rompe. Y es ahí donde surge el conflicto. El sector errejonista ve la oportunidad de acrecentar su poder y el sector Iglesias ve la amenaza de reducirlo.  Y para mantener su poder, el sector Iglesias, la corte, busca identificar el liderato con el equipo del líder y es ahí cuando estalla auténticamente el conflicto. Pues el conflicto en Podemos no es sobre la figura de Pablo Iglesias, que todos los podemitas están dispuestos a asumir cuando menos y probablemente a poner una foto suya encima del televisor quitando la del Che Guevara. El problema de poder es la corte que rodea al Príncipe. Es decir, el problema surge en la institución y no en las personas.

Así, el auténtico problema en Podemos estalla por el control de la institución, en este caso del grupo político. Los errejonistas se vuelven absolutamente democráticos porque comprenden que con este procedimiento su poder aumenta o al menos son capaces de cortar el poder del otro colectivo. A su vez, los pablistas de pronto descubren las excelencias del centralismo democrático, ya no se llama así, porque entienden, y con razón, que una institución absolutamente democrática reducirá el poder del líder que curiosamente es de los suyos. De esta forma, la lucha no se ejercita entre Errejón e Iglesias, sino que se ejercita entre sus respectivas  cortes. Y esto, una vez más, lo ha visto muy bien el propio equipo de Errejón, bastante más espabilado por cierto que el de Iglesias, al centrarse en la diferencia entre el órgano de gobierno del partido y el secretario general, solo, y ese solo es tramposo, luchando por lo primero y dejando libre el campo al glorioso Pablo Iglesias para que siga siendo el jefe, aunque eso sí, buscando reducir su mandato en tiempo.

Y todo esto explica también el comportamiento del tercer sector en pugna, que aunque minoritario es muy importante, como son los Anticapitalistas. Efectivamente, el partido Anticapitalista ya existía antes de la formación de Podemos y su poder político era nada o poco. Sin embargo al integrarse en Podemos consigue una cuota de poder relativamente importante, infinita en comparación a la anterior, y por lo tanto su interés como institución es mantener dicho poder o acrecentarlo. Para mantenerlo le basta con que Pablo Iglesias siga siendo secretario general, eso le garantiza una guerra permanente con el PSOE y por lo tanto que un posible pacto PSOE-Podemos se dificulte. Pero la situación del nuevo Congreso lleva los anticapitalistas a algo más y es a comprender que, si gana el equipo de Errejón, ellos a la larga van a perder poder pues este es más partidario de abrirse al sector que actualmente vota PSOE e incluso de llegar a acuerdos con el Partido Socialista haciendo prescindible absolutamente al sector de extrema izquierda que electoralmente en España es mínimo. Por ello los anticapitalistas, debajo de su mascarada de presentarse a todo como organización independiente, buscan la victoria de Pablo Iglesias en todos los frentes pues es su forma de mantenerse poderosos.

Pero toda esta situación maquiavélica no es solamente aplicable a la institución Podemos, repetimos que no necesariamente a las personas que pueden estar en Podemos por motivos absolutamente altruistas o idealistas como creemos que la mayoría lo están, sino que también afecta al resto de los partidos políticos en cuanto a lo que vaya a pasar en Vistalegre.

Efectivamente, el sector del Partido Socialista que actualmente gobierna la institución y todo el sector Susana Díaz están deseando que gane por aplastante mayoría Pablo Iglesias. Esto es así porque saben que al ganar deberá girar a la izquierda y radicalizar el discurso. Así curiosamente, lo que interesa a Susana Díaz y su grupo es la victoria del sector más radical de Podemos pues les aleja de su cuota de mercado electoral. Diciéndolo en palabras maquiavélicas: les garantiza mantener y probablemente acrecentar su poder. Aunque nunca llegue al gobierno.

Pero lo mismo pasa exactamente con el Partido Popular y con Ciudadanos, que también desean de todo corazón que gane Pablo Iglesias.
El Partido Popular sabe que está en el poder porque no hubo pacto en las primeras elecciones generales entre el PSOE y Podemos y por lo tanto le interesa que no exista posibilidad alguna de haberlo. Y la mejor garantía para ello es que Pablo Iglesias tenga todo el control del movimiento político y no sólo sea su secretario general. Del mismo modo, Ciudadanos, que poco a poco se va convirtiendo cada vez más en un apéndice del Partido Popular que era para lo que estaba pensado, ve como la negativa de Podemos a pactar le llevaría ser el único partido bisagra que permitirá gobernar o al PSOE o al Partido Popular, convirtiéndose así en imprescindible para ambas formaciones y por lo tanto en mimado por ellas.

Sin embargo, al sector de Pedro Sánchez del PSOE le interesa sobremanera que triunfe el aparato político de Errejón pues le permitiría presentarse al propio Partido Socialista como el dirigente que ha parado a Podemos en el sorpasso y como el único que a su vez es capaz de pactar con ellos y conseguir gobernar en España. De esta forma, Pedro Sánchez apoya a Errejón no porque considere que su discurso es más afín en lo político y en lo social sino porque, como institución política y repetimos que no necesariamente de forma personal, considera que sus posibilidades de mantener y acrecentar el poder son mayores.

Y Maquiavelo solo diría una cosa más: que gane el mejor. Porque hay que ser deportivos.

jueves, febrero 09, 2017

VIDA INTERIOR/162 : AUTORRETRATO/4 (que ahora se llama selfie)

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz.

Sigo queriendo ser un tío rebelde. Yo también quiero ser partisana. Es más, incluso quiero ser tan rebelde que incluso no me dé verguenza, ni ajena ni propia, poner que soy partisana. Porque yo soy así.

Y también, porque también soy así, quiero ser un tío sensible. Incluso, fíjense qué sensible, como una tía sensible. Más allá del género, más allá de los genitales.

Por eso, presento aquí mi corazón.
Porque había dudas de que lo tuviera y es falso.
Porque yo también me emociono cuando pienso en
feminizar la política
la nación de naciones
la sonrisa de la gente
los niños filósofos
los gatitos de internet
mi tarjeta VISA

Debajo de estos tablones, late mi corazón...


domingo, febrero 05, 2017

(Re)LEYENDO EL QUIJOTE (que yo ya me lo había leído, ¿eh?) /2

En nuestro artículo anterior sobre el Quijote, comparábamos esta novela con dos obras anteriores y clásicas como eran la Odisea y la Divina Comedia. En este segundo artículo, pretendemos comparar la obra de Cervantes con la obra de un contemporáneo suyo como es William Shakespeare. Lo que buscamos es presentar sus parecidos y sus diferencias y elaborar desde ese punto de vista una idea sobre la importancia del Quijote en la formación del sujeto moderno.

Cervantes y Shakespeare son efectivamente coetáneos a finales del siglo XVI y principios del XVII. Además, podemos decir que ambos van a reflejar en su obra el inicio del sujeto moderno, conceptualizado poco después por Descartes, y comprendido como alguien que se enfrenta al mundo para transformarlo de forma radical.

El primer parecido, y fundamental, es que ambos autores presentan como protagonista de sus obras a alguien que se enfrenta no solo a la adversidad sino al mundo tal y como está constituido. D. Quijote y Hamlet -nota: a partir de ahora vamos a ir citando distintos personajes shakesperianos para que se vea lo leídos que somos- no sólo sufren peripecias personales sino que tiene un proyecto mayor: construir un mundo nuevo. Además, este enfrentamiento con el mundo no es meramente algo que tenga que ver con una parte del mismo sino que tiene que ver, y solo puede ser solucionado, cambiando radicalmente la realidad. Efectivamente, Macbeth, otro ejemplo, sólo puede sobrevivir a cambio de la destrucción absoluta del reino y Don Quijote solo puede cumplir su sueño cambiando radicalmente la época en la cual le ha tocado vivir por otra anterior y que además es ficticia. Así, los protagonistas de ambos autores se enfrentan a la realidad de una forma absolutamente radical, en la cual saben que su triunfo o es absoluto o no será.

Se parecen también en que este enfrentamiento implica el fracaso en el anhelo del héroe. Ninguno conseguirá su objetivo sino que la realidad se impone siempre al esfuerzo individual. De hecho, habrá que esperar a Robinson Crusoe, a  principios  del XVIII y tras la revolución  inglesa, para que el optimismo burgués se imponga  y  pueda iniciar ese triunfo sobre la realidad  y la construcción de un nuevo mundo. Ningún héroe trágico de Shakespeare triunfa  y don Quijote acaba de la peor manera para un caballero, dejándose morir en su cama.

Igualmente, tienen parecido en un factor literario: en la conformación del protagonista de la historia como un personaje. Tanto Cervantes como Shakespeare harán algo absolutamente novedoso: crear personajes propios que, sin embargo, se convertirán en prototipos. La diferencia aquí es fundamental con lo anterior. Los personajes anteriores, desde los mitológicos hasta los religiosos pasando por los épicos, son personajes previos a su explotación literaria y cuyo modelo, por tanto, no es una creación literaria sino social. Los personajes fundamentales son modelos sociales, que realmente existieron o no, a imitar y que se presentan como ejemplares para la propia socialización. Son modelos de statu quo.

Sin embargo, la creación tanto de los personajes Quijote y Sancho como de la larga lista de los personajes shakesperianos son pura creación literaria que se presentan a su vez como modelo de sujeto. Nos atraen por su lejanía con el modelo social tradicional: perdedores y malvados –nota: incluso uno se imagina los escándalos que hoy hubieran despertado ciertas obras de Shakespeare para la corrección política de tanto mojigato-. Los personajes así huyen del modelo social previo para crearse a sí mismos como modelos. Es un triunfo, en ambos autores, de la autonomía literaria sobre la heteronomía social que hasta entonces había dominado. Ya no será el modelo social el ideal del literario sino que éste será capaz de crear personajes que, en su bondad o maldad, ideal o cruda realidad, serán capaces de presentarse a sí mismos como modelo para el desarrollo social.

Así la obra de Cervantes y de Shakespeare  expresan la conciencia de un mundo distinto pero todavía no nuevo. Y es importante este hecho. Ambas obras son conscientes de la crisis del mundo medieval, frente al modelo Carlos V por ejemplo, pero son incapaces de presentar una alternativa a ese mundo que se agota. El caballero D. Quijote no puede dejar de mirar atrás en busca de esa tierra prometida y los personajes trágicos de Shakespeare fracasan quedándoles solo la muerte. Habrá que esperar a 1663 para que, en El Paraíso Perdido de Milton, Lucifer se levante después de su derrota y expulsión para conseguir convertir del Infierno un Cielo. Habrá que esperar 100 años para que Robinson Crusoe convierta su isla desierta en la civilización.

Pero, también hay diferencias entre los dos autores. Y esa diferencia está en la conciencia de uno y otro.

Shakespeare es consciente de que su obra es novedosa, no solo en el terreno técnico de la composición literaria sino, especialmente, en la propia realidad de sus personajes. Y por eso su campo de acción es el teatro. Sin embargo, Cervantes es todavía una persona de mentalidad renacentista y no es consciente, como autor, de lo que significa el propio Quijote: la obra, que él pretende como un juego literario, le desborda. Expliquemos.

La utilización de la estructura teatral le permite a Shakespeare el empleo de la técnica del diálogo y el monólogo. Esto convierte en un proceso  más sencillo la expresión de los sentimientos de los personajes frente a una técnica puramente narrativa, la novela, donde cabe una mayor intervención del lector al interpretar la acción que se narra. Pero aquí no se trata de que la elección del aparato literario sea la causa sino que es la consecuencia.

Efectivamente, los personajes de Shakespeare son teatrales porque el autor solo puede expresar la  novedad de sus héroes  a través de ese género. La complejidad psicológica de los personajes shakesperianos es imposible todavía de plasmar con el desarrollo de la novela del siglo XVI. De hecho, cuando Defoe escriba su Robinson, tendrá que recurrir al narrador en primera persona para poder cumplir la introspección, algo que a los grandes novelistas del siglo XIX, por ejemplo, no les hará falta.

Sin embargo, Cervantes, sin éxito en el teatro, no busca conscientemente la creación de un personaje sino de un juego literario culto, incluso pedante, propio de su época pero que se le escapa, especialmente en la segunda parte, de las manos. D. Quijote no resulta creíble nunca fuera del juego que propone el autor pues su propio personaje, excesivamente forzado, nos conduce a la parodia. Efectivamente, incluso en sus discursos, que llegan a cansar y que no son sino muchas veces la repetición del convencionalismo social de la época a diferencia de Shakespeare, el Quijote carece de la capacidad de crear una profundidad psicológica en el personaje, demasiado plano. Son discursos para el público y no  monólogos que surjan  de  la conciencia personal como en el autor inglés. D. Quijote carece de psicología propia más allá de su modelo inicial. E incluso, en el  giro radical de  su renuncia a la  caballería, en unas pocas páginas al final, se vuelve a ver lo mismo pues no surge de su interior derrotado sino de su duelo externo perdido con el Bachiller. Pero, y ahí está su grandeza, es la propia narración de sus aventuras, los hechos acaecidos y cómo son narrados, lo que le convierten en un personaje fundamental. La evolución del ingenioso hidalgo, que pasa de hacernos reír a estremecernos, no se refleja en su psicología sino en la propia narración y sus aventuras. El Quijote se puede considerar por eso como el primer héroe moderno auténticamente narrativo.

¿Que queremos decir con esto? Que la importancia del personaje no está en su mundo interior – nota: qué repugnante expresión-  que es excesivamente plano en realidad , sino en la forma de enfrentarse al mundo, que nos permite pasar de considerarle ridículo a ser uno de nosotros. Y en esto se parece el hidalgo a Gregorio  Samsa, protagonista de la metamorfosis kafkiana, quien con su psicología pequeñoburguesa es un personaje ridículo pero como sujeto sin embargo, y merced a la narración, nos hace ver en él al propio sujeto actual y con esto a  nosotros mismos.

Así, los heroes Shakespeare son sujetos modernos en sí mismos. D. Quijote, y también Sancho,  se convertirán en ello tras su propia peripecia. D. Quijote es un héroe narrativo porque lo que cambia no es él, idiota al principio y al final, sino nuestra visión de él merced al desarrollo de su novela. D. Quijote es nuestra vida: ridícula.

La obra de Cervantes resulta así el complemento de la de Shakespeare y viceversa. Ambos asisten al fin de un mundo que parecía definitivo y ambos conocen que ese ocaso debe resolverse. Ambos, a su vez, son incapaces de hacerlo en su propia realidad. Pero si su interés fuera meramente historiográfico, como ha devenido con el teatro de  Calderón o de Lope por ejemplo, su lectura se reduciría a la tarea erudita. Tiene que haber algo más que nos impulse hoy a leer el  Quijote. Y eso, en otro rollo.


miércoles, febrero 01, 2017

VI EXPERIENCIAS DOCENTES EN FILOSOFÍA: OTRO AÑO MÁS

Ya estamos otra vez... Pues sí.
Como cada año volvemos a convocar las VI Experiencias Docentes en Filosofía. 

Un curso donde los ponentes cuentan de verdad qué hacen en clase.
Un curso gratuito porque nadie cobra.
Un curso necesario entre tanto especialista que nos profesores qué debemos hacer sin haber pisado nunca un aula.
Y si quieren ustedes más información, AQUÍ  la tienen.
Del 18 al 28 de abril de 2017.

Y encima voy yo...

No sé, de verdad, a qué esperan para participar exponiendo su experiencia o escuchando la de otros.