martes, julio 08, 2014

VACACIONES DE PROFESOR

¿Son excesivas las vacaciones de los profesores? En primer lugar una aclaración: no todos los profesores están ahora de vacaciones. Muchos, por obra de sus patronos privados, en una vieja modalidad ya secular, y públicos, en una modalidad que tiene tres años, están en el paro para volver a trabajar en septiembre. Por tanto, no nos podemos referir a ese grupo aquí. Mejor, refirámonos al mío. ¿El suyo? Sí, porque resulta que yo soy funcionario de carrera (es decir, por oposición) en el cuerpo de profesores de secundaria. Y resulta, además, que desde el 1 de julio estoy de facto, aunque no técnicamente pues me hallo en teoría a disposición de la administración –como se ve en los tribunales de oposición, por ejemplo-, de vacaciones. Dos meses de vacaciones a las que habría que añadir otro mes sumando navidades y semana santa.

¿Son excesivas las vacaciones de los profesores? Pues a todas luces, sí.

Pero las respuestas categóricas pueden guardar una falsedad. Y la falsedad aquí es sutil. Porque les voy a contar algo: si yo mañana me presentara en mi centro no tendría nada que hacer.

Perdón, dirán ustedes, ¿nada que hacer? Efectivamente, y esto es lo curioso pues resulta que yo no estoy tanto de vacaciones como de paro empresarial. Mi empresa,  que es la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, es una inútil absoluta y me tiene en casa porque ella misma me impide desarrollar mi trabajo. Es decir, mis jefes me niegan que pueda trabajar y de hecho si lo hago  incluso por mi cuenta, reformando como cada verano los apuntes de mi página web La lechuza de Minerva, mis jefes no me lo considerarán. Para mis jefes es igual, en definitiva,  que yo en julio trabaje por mi cuenta o que me rasque el pie.

Pero, ¿realmente les da igual? No, y aquí empieza lo interesante: mis jefes, es decir la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, esperan ansiosos que me rasque el pie. O dicho de otro modo: no quieren que trabaje en julio –ni en realidad el resto del año-. Mis jefes buscan que yo me rasque el pie en verano pues su objetivo último va unido a esa desidia y la precisa. Porque si yo y mis compañeros trabajáramos en julio de acuerdo a lo que a continuación se va a explicar no cabe duda de que la educación pública mejoraría. Y la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid está, precisamente, para impedir eso.

Pero, expliquemos.

Como ya hemos señalado en la actualidad yo, y como yo todo el resto del profesorado, no podemos hacer nada concreto en julio. No es que no queramos, que podremos querer o no, sino que sencillamente no tenemos nada que hacer ¿Por qué? Porque yo, y como yo el resto del profesorado, a estas alturas no sabemos en qué instituto vamos a estar y, por supuesto, tampoco sabemos qué materias y qué cursos vamos a tener. Efectivamente, resulta que los profesores no sabemos aún, y así es cada año, qué vamos a dar el año que viene lo que nos imposibilita prepararnos el curso próximo. De hecho, no lo sabremos hasta, aproximadamente, el día cinco de septiembre, a una semana de principio de curso. Es decir: sabré, yo y mis compañeros, lo que vamos a dar cuando solo queden pocos días para empezar el curso y ya no podamos prepararlo sino a contrapié.

Pero, ¿tantas materias podemos dar? ¿No será esto una excusa? Pues miren, solamente yo, con Filosofía, podría ejercer en
Educación para la Ciudadanía de 2º de ESO
Ética de 4º de ESO
Historia de las religiones de 3º de ESO
Historia de las religiones de 4º de ESO
Medidas de Atención Educativa de 1º, 2º, 3º o 4º de ESO
Filosofía de 1º de Bachillerato
Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato
Psicología de 2º de Bachillerato
Y tutoría

Es decir, yo podría dar hasta doce cosas distintas –sin contar aquellas materias que sin ser de mi especialidad podría dar por necesidades del centro como Lengua, Historia,…-. Pero, un profesor de Lengua podría dar otras doce. Y así, cualquiera. De esta forma, como no sé qué voy a dar y ni tan siquiera sé en qué instituto voy a estar hasta ese cinco de septiembre no puedo hacer nada para el año que viene ni prepararme nada pues sería como jugar a la lotería.

¿Y quién es el culpable de este hecho? La Consejería de Educación que es la que me nombrará, a mí y a todos los profesores que estamos en esta situación que somos mayoría, ese cinco de septiembre en vez de haberme nombrado en mayo o junio.

Mayo o junio… Efectivamente, ahora es donde viene aquello que debería hacer la Consejería: nombrar las plantillas de profesores en mayo o en junio, algo perfectamente posible. Así, cada uno ya sabría en ese mes dónde va a estar y qué va a dar el próximo curso y se dedicaría el mes de julio a preparar el material y la docencia teniendo que ir al centro, incluyendo el trámite administrativo de programaciones y demás chorradas, para empezar en septiembre con unos profesores que han tenido tiempo de prepararse aquellas materias que van a dar y de renovar su docencia trabajando en ella no con urgencia sino con plazos razonables.

Pero, ¿no puede nombrarnos antes la administración? Por supuesto que sí. Técnicamente es tan sencillo que no implica dificultad alguna: para explicarnos, es tan fácil técnicamente como quitarnos la paga extra. Sin embargo, no lo hace ¿Por qué no lo hace? Es más, nunca lo ha hecho ¿por qué nunca lo ha hecho?

De nuevo, las respuestas no son categóricas. Si nunca lo había hecho, hasta hace un lustro aproximadamente, fue porque hasta entonces el funcionariado docente era una, con palabras de moda, casta.  Efectivamente, a partir de la segunda mitad de los 80 y durante los 90 y primera década del nuevo siglo, toda la organización escolar estaba pensada básicamente para satisfacer las exigencias corporativas de la casta profesoral –aquí Fernández Enguita sobre esto y aquí yo también sobre esto-. Así, la escuela pública cumplía las exigencias del colectivo profesorado, que no eran desde luego para trabajar mucho, hasta hace unos siete u ocho años.

Pero, seamos justo, esto ya no ocurre así. En la actualidad la escuela pública ya no está pensada corporativamente en torno al profesorado, como se ha visto en las medidas adoptadas los últimos años. Pero que no esté pensada para el interés corporativo del profesorado no quiere decir que esté pensada para el interés público.  En la actualidad, la escuela pública está dirigida con el único fin de acabar con ella. Y es por eso ninguna medida que pudiera favorecerla se tomará por parte de la administración. Esta solo piensa en medidas que ahorren dinero, para salvar las finanzas de la oligarquía o poder bajar los impuestos a los ricos, y que al tiempo destruyan lo poco que tenía, o lo mucho, la enseñanza pública de este país como derecho social. Por eso, una medida que no costaría nada de gasto y que sin embargo implicaría una mejora de la enseñanza, pues muchos profesores nos podríamos preparar las clases reales que íbamos a tener, no se toma. 

Hace poco instalé aire acondicionado en casa. El primer día que lo puse cayó una granizada impresionante: funciona. Estar de vacaciones en julio y en agosto es sin duda un privilegio. Lo llamamos así, y no un derecho, porque el único fin que persigue es, en la actualidad, la destrucción sistemática de la enseñanza pública al tiempo que los profesores, tampoco todos,  toman despreocupados el sol. Las vacaciones en julio, en realidad como ya saben paro empresarial, son un mes menos para una enseñanza pública realmente concebida como servicio público. Pero igual el año que viene, con aire acondicionado a pleno rendimiento, diré que es mi derecho.