martes, mayo 13, 2014

NO SOLO WERT

1.- La finalidad última de la LOMCE es la destrucción de la educación pública como sistema educativo predominante en España. No se trata de una destrucción cuantitativa, seguirá siendo la más numerosa, sino cualitativa: se la elimina de la preeminencia social. Efectivamente, el fin último es  remitir la enseñanza pública a un segmento determinado de la población, la dase baja y la clase media depauperada por el proceso de precarización socioeconómico imperante. Así, se pretende sacar de la enseñanza pública al sector social más dinámico para remitir  aquella exclusivamente a la realidad última de la caridad cristiana: para los pobres. Se trata, en definitiva, de   eliminar de ella a los colectivos sociales con  un deseo de medrar socialmente. Y con ello, de influir socialmente.

2. ¿Cómo busca conseguir esto la LOMCE? De una forma sencilla. Generando una carrera de obstáculos para los alumnos y su titulación. La idea es reducir la titulación superior y con ello rebajar necesariamente el porcentaje  de dichos titulados que lo hacen desde las clases bajas y, ahora también, desde la clase media ya depauperada. La idea es que ante la escasez futura de puestos cualificados haya menos competencia, piensa Wert, para los nuestros. Y esto, se hace desde una triple perspectiva:

Primero, conociendo que el éxito escolar guarda una extraordinaria proporción con el ámbito social del alumnado. Es decir, a mejor posición socioeconómica de la familia mayor éxito escolar. Así, si se sitúa una carrera de obstáculos proporcionalmente, y de forma necesaria, se eliminará a la mayoría de las clases sociales más bajas.

Segundo, sabiendo que igualmente es el origen social la base sobre la cual se fundamenta la elección entre escuela pública y privada (incluyendo aquí la concertada). Así, sabemos que los alumnos de mayor nivel social irán a la privada y, por tanto y de acuerdo al punto anterior, serán aquellos que proporcionalmente consigan superar la carrera de obstáculos de manera más numerosa. Además al fomentar la especialización de los centros hará que allí donde la privada, con la empresa llamada iglesia a la cabeza, no vaya por falta de negocio se sustituya por una pública selectiva para ese orden social no cubierto.

De esta forma, cuando la LOMCE habla de esfuerzo y excelencia debería decir, sencillamente, selección social a priori, aquello que no tiene que ver con el esfuerzo y la excelencia de los alumnos: sus hijos llegarán a la universidad. Es decir, en el fondo el esfuerzo y la excelencia en la selección del alumnado que la LOMCE proclama es solo si el esfuerzo, y ya depende si la excelencia, se dio en el polvo pobre o en el polvo rico. Ya se sabe, somos polvo de estrellas o de estrellados.

3.- Pero, ¿no hemos dicho una triple perspectiva? Y hasta ahora, usted y yo que somos de clase alta, hay dos. ¿Cuál es la otra? La otra es la pura inanidad de la escuela pública. La LOMCE se basa en la propia inutilidad de la escuela pública como factor educativo real.

4.- ¿Pura inanidad de la escuela pública?  Efectivamente, esta es la desgraciada tercera consecuencia. Quien ha hecho la LOMCE conoce perfectamente la escuela pública y por ello no ha tocado, ni tocará en profundidad su funcionamiento (excepto, y no es curiosamente, para aquellos institutos selectivos). La escuela pública es en sí misma inane y no funciona como un auténtico elemento de mejora del nivel educativo de los alumnos. O dicho de un modo más crudo: cuando las clases medias y bajas lleven a sus hijos a la pública en realidad no harán sino llevarles a un sistema que solo permitirá la reproducción de sus propias condiciones sociales. La escuela pública será la mera reproductora de la realidad social previa.

5.- ¿Por qué la escuela pública es inane? Que la escuela pública sea inútil quiere decir que no funciona. Esto, a su vez, significa que su labor social no sirve. Por supuesto, en la escuela pública, como en la privada, hay profesores buenísimos, pero lo importante es que como institución la escuela pública no funciona. Y que no funciona se ve fundamentalmente en que los alumnos sin apoyo externo, ya sea familiar o profesional, no mejoran porcentualmente sus resultados. Es decir, la escuela pública repite la realidad social.
Y ahora todo el mundo esperará una retahíla de quejas sobre Wert, el PP y el neoliberalismo. Pero, desgraciadamente, esta es sin duda una causa, pero hay otras.

6.- ¿Por qué no funciona la escuela pública? Toda la ley reaccionaria de Wert está pensada, precisamente, sobre la base de que lo fundamental de la escuela pública no funciona en absoluto. Es decir: no funciona el profesorado de la pública. Y por eso la LOMCE sí funcionará.
Evidentemente, no es que no funcionen todos y cada uno de los profesores, sino que el profesorado no funciona como colectivo.  Y la razón de que no funcione se puede dividir en objetivas, propias del sistema, y subjetivas, inherentes a la condición profesional y sus representantes.

7.- En las objetivas la fundamental es la organización de los centros. La estructura propia de los centros docentes provoca que estos sean absolutamente inoperantes.
Existe una Junta Directiva que no tiene de poder alguno, incapaz así de solucionar los problemas concretos. La dirección un centro sirve para desarrollar el trabajo administrativo: desde conciliar horarios para que ningún profesor se enfade hasta cumplir con unas plantillas insuficientes mandadas por una administración cuyo deseo es el hundimiento del sistema. Así, ser director de instituto se convierte necesariamente en un trabajo de malabarista compadreo y no de dirección: se trata con la administración sabiendo que su única finalidad es ahorrar el dinero que luego irá a la banca y a las autopistas privadas y se trata con el compañero profesor conociendo que quiere entrar lo más tarde posible y salir cuanto antes.

En segundo lugar, está la estructura en departamentos, dinosaurio decimonónico que hace que los mejores profesoves deban coordinarse -pero se lee ceder- frente a, y no solo con, los peores. Así, las programaciones didácticas –nombre rimbombante a lo que todo el mundo sabe que no es sino  un documento administrativo sin sentido- no son sino el mausoleo de los mejores docentes y el descanso eterno de los peores.

En tercer lugar está el desincentivo absoluto del trabajo. En la escuela pública da igual ser bueno, malo o regular porque en absoluto cuenta para nada. Cualquier esfuerzo en la profesión no sirve para ella misma ni como incentivo económico ni como mejora profesional -bueno, excepto saber inglés para poder ir a los nefastos bilingües-.

8.- Pero, se cumplen 450 años de Shakespeare: “nuestro destino no está en la estrellas, sino en nosotros mismos que no somos más que esclavos”. Está en Julio César.

9.- Las causas subjetivas de la derrota de la Pública está en esos esclavos satisfechos que nos llamamos profesores. Cada vez que un profesor volvemos, porque es primera persona del plural, otra vez a entrar tarde; cada vez que un profesor buscamos, otra vez, aposta al médico que justo está solo por la mañana para poder faltar;  cada vez que un profesor miramos, de nuevo, a otro lado en el pasillo disimulando; cada vez que un profesor  no usamos las vacaciones –sí, las vacaciones de tres meses anuales- para mejorar nuestra docencia; cada vez que un profesor, en definitiva, decimos que la culpa absoluta es de los padres mientras que nosotros hemos decidido que el instituto es una academia y no un centro educativo le damos la razón a Wert. Luego el profesor gritará, será radical en el claustro e incluso votará a favor -porque es un funcionario rebelde excepto para devolver a la sociedad su condición de funcionario- de la huelga general indefinida y revolucionaria porque sabe que nunca saldrá.
Nos presentaremos como Espartaco.
Pero, somos solo un esclavo más.

10.- Ser profesor es una profesión triste. Frente al médico, cuyos resultados y recompensa son actuales, el profesor se proyecta en un futuro difuminado por el olvido: todos debemos algo a algún profesor al que nunca se lo hemos agradecido. Pero, al tiempo, ser profesor es una nómina alegre: buen sueldo para la media del país y muchas vacaciones.
Wert, como metáfora, confía en que la nómina triunfe.
La democracia, como realidad, necesita que triunfe la profesión.

11.- Los Simpsons son una serie imprescindible. Aparte de servir para explicar en clase un montón de cosas tiene ese aire de ilustración que ya no es tan común –nota: comparar un día Los Simpsons con esa abyección autocomplaciente que es Padre de Familia y similares-.  Al final de uno de sus episodios, Bart y el director de la escuela de Primaria Skinner se abrazan y entonces aprovechan para poner cada uno en la espalda del otro una nota.
Bart pone: pégame una patada.
Skinner escribe: edúcame.

y 11 bis.- Recuérdalo y recuérdamelo: no solo Wert.