jueves, agosto 29, 2013

MARTINO y la injusticia del mundo

El nuevo entrenador del Barça D. Gerardo Martino cobra millones por ser entrenador de fútbol.
Yo, como cualquier profesor, no cobro millones por educar a las generaciones futuras.

Ahora, el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, gana en un año más que yo en toda mi vida laboral (y de pensionista, si el gobierno me deja).

Y el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, ha señalado que el precio del futbolista D. Gareth Bale, es una falta de respeto al mundo.

Pero, el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, no ha dicho nada del sueldo de Messi.
O Neymar.
O Iniesta.
Ni del suyo propio.

Tampoco, el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, ha dicho nada de si cree que su trabajo es tan fundamental como para cobrar más que yo, o que un médico o un bombero o un policía.

En fin, el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, es un tío comprometido.

Y estamos esperando también, no podía faltar nuestro homenaje al nacionalismo progresista, que hable catalán como Messi.

lunes, agosto 26, 2013

DISCAPACIDAD Y ENFERMEDAD

Nota: por no tratarse de un texto científico no hacemos aquí la distinción técnica entre enfermedad, trastorno y síndrome.

Dña. Ángela Bachiller ha sido nombrada recientemente concejal del Ayuntamiento de Valladolid. Dña. Ángela Bachiller sufre -obsérvese que no hemos puesto tiene- síndrome de Down. El síndrome de Down es un trastorno genético que implica necesariamente una discapacidad cognitiva que puede ser mayor o menor pero que siempre está presente. Con un tratamiento adecuado, en la actualidad los sujetos pueden, proporcionalmente a ese grado menor o mayor de discapacidad cognitiva, llevar una vida casi independiente. Y este tratamiento adecuado implica, también necesariamente, un compromiso social de cuidado hacia estas personas. La sociedad las debe cuidar de un modo distinto, de un modo más atento, porque están enfermas y su enfermedad implica una discapacidad de las que no son responsables. Por eso, su autonomía personal no es la misma que la del resto y, también por eso, no pueden exigírseles los mismos deberes que al resto. Toda esta preocupación y cuidado, que debe incluir necesariamente investigar para producir una cura, forma parte del progreso humano.

Estar enfermo no es un hecho moral. Cuando alguien está enfermo, ya sea desde su nacimiento o en una etapa de su vida, no ha sido porque su padre o su madre o él mismo pecaran o fueran malas personas. Parece obvio, pero sin embargo hoy día este estigma sigue existiendo de una forma implícita y soterrada, especialmente en las personas con enfermedades mentales. Uno puede contar que tiene úlcera, que es miope o que sufre hipertensión, pero tener síndrome de Asperger, esquizofrenia, depresión crónica o cualquier otra enfermedad de contenido mental o que implique un trastorno de personalidad debe ocultarse. Parece que eso es culpa del individuo porque en débil de carácter y la vergüenza y el rechazo deben caer sobre él: si sufre usted de depresión crónica es porque mira la vida de forma equivocada.

Sin embargo, la causa no es tan simple. La enfermedad mental es el mal funcionamiento de un órgano o de una estructura fisiológica, como pueda serlo la hipertensión o el cáncer. Y usted o yo un día podemos, por ejemplo, sufrir un golpe o la complicación de una enfermedad y convertirnos en, radicalmente, otro. Phineas Gage, quien al sufrir un accidente y destrozarse parte del lóbulo frontal de su cerebro cambió radicalmente de personalidad, no es un mito, una leyenda ni una metáfora. El alma, sí.

Y aquí surge el problema. Está empezando a imponerse una corriente, que se ve en casi todo tipo de enfermedades pero especialmente en aquellas que implican discapacidad intelectual, en la que se nos dice que todos somos iguales y que dicha incapacidad puede arreglarse con el esfuerzo personal del enfermo y la solidaridad del resto de la sociedad: si todos nos amamos, parece, todos nos haremos más listos. Así, y según esta corriente, tener un trastorno de personalidad o tener síndrome de Down, acaba presentándose como una forma peculiar de ser, una manera distinta de vivir la vida y no como una enfermedad. La idea es que al final los individuos no están enfermos sino que solo son diferentes. Incluso -y esto que empezó con las enfermedades mentales ya ha llegado hasta las vacunas- se critica a la medicación y a la medicina científica –cualquier otra medicina es superstición- por considerar que no puede resultar efectiva pues estas enfermedades refieren a algo más profundo. ¡Ah, la profundidad de lo inefable!: durante siglos, hasta que apareció la medicina científica, la gente moría a edades tempranas, pero con gran profundidad.

No cabe duda de que quienes creen estas ideas antes descritas, entre ellas varias asociaciones cercanas a este tipo de pacientes, lo hacen de buena fe, pero tampoco cabe duda de que es un error que en el fondo implica una estructura intelectual errónea y social terrorífica. Tener síndrome de Down, por ejemplo, no es una oportunidad para vivir de otra manera, es una desgracia. Sin embargo, para quienes defienden estas cosas del esfuerzo y el espíritu humano una persona con síndrome de Down puede llegar a ser concejal porque solo es diferente a otra persona sin dicho síndrome. Y aunque se nos aparezca de inmediato la ironía sobre las cualidades que entonces requiere dicho puesto sería cruel hacia una persona enferma reducirnos a eso. Esto no es un chiste, es una argumentación.

En primer lugar está un problema sobre la realidad de qué es un ser humano. En la defensa de esa teoría de que la enfermedad no inhabilita proporcionalmente a su gravedad, está la terrible idea de una espiritualidad por encima de la realidad física. Así, esta espiritualidad puede superar cualquier adversidad y la persona con síndrome de Down, o con cualquier otra enfermedad  que implique discapacidad severa, puede llegar a ser lo que ella quiera pues el espíritu humano lo supera todo. La idea es, aparentemente, hermosa pero es, realmente, falsa. Los seres humanos son seres exclusivamente físicos, producto de una evolución ciega, y precisamente eso es lo que demuestra el síndrome de Down o cualquier otra enfermedad cuyas consecuencias guarden relación con la capacidad  intelectual o con el trastorno de la personalidad: lo más humano es fruto de la realidad física.  Así, ocultar que las enfermedades mentales son enfermedades y son físicas es defender una fabulación contra  la ciencia –nota: y recomendamos aquí la lectura de Oliver Sacks como un ejemplo de que la humanidad auténtica está de nuestra parte y no de lo espiritual-.

Efectivamente, el hecho de que un problema genético, como en el síndrome Down, o una malformación o daño cerebral puedan producir cambios en la personalidad demuestra bien a las claras la ausencia de ese contenido espiritual: no es el alma, es el cerebro. Sin embargo, lo que se hace al defender, tal vez sin pretenderlo, esa espiritualidad que nos iguala es negar la evidencia de ese origen físico de lo humano. Es defender la superstición frente al desarrollo del conocimiento. Es defender la mentira frente a la verdad.

Además, y esta es una conclusión política muy importante, si estas enfermedades no provocan discapacidad proporcional de acuerdo a su desarrollo, y en el caso del síndrome de Down sería una discapacidad intelectual, y son solo formas distintas de ser no se entiende bien por qué se deberían especificar leyes concretas que protegieran especialmente a estas personas. Efectivamente, si el síndrome, o cualquier otra enfermedad, no produce discapacidad no cabría el especial cuidado social. Y de esta forma se produciría un grave problema: deseando crear la máxima igualdad se produce la máxima desigualdad.

Porque entender la discapacidad es la clave de esto. Si la sociedad no asume la discapacidad como una carencia, y no como una forma de ser distinta, no cabe la creación de medidas contra esa carencia. Así, y no es paradójico, pregonar que existe la máxima igualdad fáctica, todos iguales de hecho, es negar la máxima igualdad en derechos, todos iguales socialmente, pues las personas con estas enfermedades nunca estarán en igualdad de condiciones previas con los demás.

Por ejemplo,  a veces se nos oculta a los profesores que alguno de nuestros alumnos pueda sufrir alguna de estas enfermedades mentales –como un trastorno de personalidad o cierta deficiencia intelectual-   y entonces le tratamos igual que al resto. Y el resultado es que al tratarlos igual que a otros que no tienen esa enfermedad cometemos sin querer una injusticia porque les pedimos cosas que no pueden hacer y no hacemos que aprovechen otras que podrían desarrollar mejor y venirles muy bien de cara a su formación futura. Es decir, la máxima igualdad de trato nos lleva a la injusticia de la máxima desigualdad: el trato igual no siempre es el trato más justo.

Todo esto expuesto anteriormente puede parecer inhumano frente a la idea de que las personas con discapacidad son iguales a las que no tienen estas discapacidades. Pero lo parece solo. El auténtico pensamiento humanista no es aquel que ve lo que le gustaría que existiera, sino aquel que ve lo que hay porque solo así puede cambiarse. Doña Ángela Bachiller ha sido nombrada concejala por un partido, el PP, que ha desmantelado la ley de dependencia, la atención a la diversidad en la educación y la propia educación- y ahora se propone destrozar la sanidad pública. Su humanismo no se puede ver  en haber nombrado concejala a una persona con síndrome de Down sino que precisamente ahí debe verse su ideal de eugenesia social. Porque lo que viene a decir es que si ella lo logró, todos los enfermos podrían hacerlo sin necesidad de un estado, y una sociedad, que les cuide. Es decir, sin leyes favorables ni gasto social: los que no lleguen, que se jodan.

Nosotros, sin embargo, creemos algo distinto. Creemos que los individuos deben llevar su vida para sí y para la sociedad. No deben vivir solo para cumplir su sueño personal sino también para garantizar el ideal de un mundo justo. Pero, y por lo anterior, creemos que cuando una persona sufre una discapacidad que afecta a su autonomía personal, la sociedad debe priorizar en él su sueño personal proporcionalmente a su discapacidad. Mi trabajo debe ser eficaz para la construcción de ese mundo justo, el trabajo de una persona con síndrome de Down, por ejemplo, debe ayudarle a sentirse mejor y desarrollar su vida. Algún día la medicina científica y no la superstición- curará estas enfermedades, pero para ello hay que presentarlas como tales porque solo conociendo la verdad se puede transformar lo real.


La antipsiquiatría estuvo de moda en los 60 y 70 del pasado siglo. Como todo, acabó en consignas sin poder desarrollarse en sus puntos interesantes. Una de esas consignas era preguntarse sobre los enfermos mentales: ¿quién está enfermo, ellos o la sociedad? Todo, aparentemente, muy radical. Curiosamente, la antipsiquiatría fue el único movimiento anti que el estado rápidamente asumió, cerrando los asilos para enfermos mentales con trastorno grave nota: no los mejoró ni mejoró su práctica  domiciliaria, sino que los cerró y los echó literalmente-. Cada día que llevo al perro al parque me encuentro con un vagabundo sucio y que parece viejo que da vueltas sobre sí mismo mientras susurra una letanía incomprensible. Cuando vuelvo sigue ahí, dando vueltas y susurrando. Un imbécil, pero muy humanista y radical,  podría pensar que es libre y luego irse a casa satisfecho mientras escucha su ipod. Pero yo no tengo ipod.  

lunes, agosto 19, 2013

VIDA INTERIOR/123: 36 AÑOS SIN GROUCHO MARX

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz.

Treinta y seis años viviendo sin Groucho Marx.
Si es que a esto se le puede llamar vivir.


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Una noche en Casablanca (1946)


sábado, agosto 17, 2013

BIENVENIDOS A LA NUEVA LA LECHUZA DE MINERVA

Ustedes se preguntaban la causa, o incluso la razón, de mi aparente silencio estival. Pensarían que estaba de vacaciones. Sin embargo, conocedor de que el sueño de la Razón produce monstruos -aclaro que yo soy la Razón- no podía descansar.
Lejos de eso, o sea: de descansar, estábamos trabajando en la actualización de La lechuza de Minerva. Y aquí la tiene ustedes, para su deleite y disfrute.

Y ahora, ya vuelvo.



martes, agosto 13, 2013

¡¡¡¡¡¡¡COÑO, HAY PARAÍSOS FISCALES!!!!!!!

¡¡¡¡¡La derecha descubre indignada que hay paraísos fiscales!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Y que Gibraltar es uno de ellos!!!!!!!!!!


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Casablanca -otra vez- (1942). Dir: Michael Curtiz

lunes, agosto 05, 2013

sábado, agosto 03, 2013

HIPÓTESIS, CONTRASTACIÓN Y LEY

En el método científico se plantean primero hipótesis  como explicación de un hecho aún no demostrado. A continuación, se intenta contrastar esa hipótesis a través de si pueden explicar o no nuevos hechos relacionados con los anteriores y predecir resultados ya experimentales ya naturales.

En julio del 2011, hace dos años, empezamos a hablar de lo que hemos denominado Proyecto de Precarización.  Pueden ustedes ver en la columna de la derecha los distintos desarrollos del tema que hemos ido haciendo –es fácil: pone “precarización”-. Nuestra hipótesis era, y hablamos de hipótesis como pasado pues ya es teoría explicativa, que existía un proyecto para el sur y este de Europa consistente en precarizar las condiciones sociolaborales de estos países a imitación del modelo chino. Y este proyecto no debía ser considerado como una necesidad del modelo capitalista, explicábamos, sino algo impuesto por la oligarquía  para aumentar su beneficio.

El gobierno de España, desde ya Zapatero, ha ido dando pasos en esa dirección.
La Unión Europea, desde el Pacto del Euro y siguiendo con el llamado pack two y el pack six.
El FMI ya se había unido también, pero ahora vuelve a la carga: se debería, entre otras cosas, bajar un 10% los sueldos.

El Proyecto de Precarización ya no es hipótesis científica.

El Proyecto de Precarización es ley.

jueves, agosto 01, 2013

REPRODUCCIÓN, ESTADO Y LIBERTAD

1.-Es una polémica reciente –también es que yo soy un poco lento-: la Seguridad Social solo prestará la reproducción asistida a aquellas mujeres que sean estériles. Con esto se entiende que o son estériles ellas o su pareja. La polémica ha saltado porque esta nueva disposición excluye, a las parejas de lesbianas o a las mujeres solteras –y a las parejas heterosexuales, por cierto- que deseen engendrar un hijo sin ser estériles. Y, entonces, se acusa a la medida de ideológica y de conservadora, cuando no de reaccionaria -pero solo por el tema de lesbianas y solteras, por cierto-. Sin embargo, y por esta vez, lo reaccionario tal vez esté en otro sitio.

2.- Es absurdo usar como crítica política el argumento de que una decisión es ideológica. De hecho, todas las decisiones políticas, y seguramente todas en general, lo son pues tienen como elemento previo una determinada concepción sobre aquello de lo que se trata. En realidad tan ideológico es que la Seguridad Social cubra (en sentido figurado y asistido siempre) la reproducción de lesbianas y solteras como que no lo haga. Así, toda decisión es ideológica pues se toma de acuerdo a unas ideas previas. Resulta por tanto idiota calificar una decisión como ideológica para criticarla. Las decisiones políticas se juzgan de acuerdo a su contenido y no por su formalidad: una decisión política no puede dejar de ser política.

3.- La Seguridad Social como sistema sanitario público es fundamentalmente un sistema sanitario –nota: a veces conviene recordar lo, casi, evidente-. Es decir, los que defendemos la sanidad pública defendemos una cobertura sanitaria universal y gratuita para todos. Pero cuando decimos para todos nos saltamos, dándolo por supuesto, que nos referimos a todos los enfermos. Y visto lo visto puede que cometamos un error al no dejar claro este punto: la seguridad social debe curar a todos los enfermos. Pero la condición necesaria de su intervención no es ser todos sino estar enfermo.

4.- Quien sufre la esterilidad es sin duda un enfermo. Lógicamente si no quiere tener niños no llevará su enfermedad como una carga, al igual que mi dislalia me da lo mismo, pero si quiere tenerlos sí se sentirá mal. Quienes defendemos el sistema público sanitario apoyaremos entonces que se actúe contra su enfermedad. Pero no porque esa persona quiera tener hijos sino, y esto es importante, porque está enferma y eso le impide tenerlos. Por eso, si usted quiere operarse de su nariz porque le parece fea no cuente con mi apoyo para que se lo pague la seguridad social: usted no está enfermo. Es decir, lo prioritario para la actuación no es su deseo sino que usted esté enfermo.

5.-Yo soy heterosexual –a más de uno le he roto el corazón lo sé- y por ello no estoy enfermo. Tampoco, lógicamente, quien sea homosexual lo está. No creo que sean opciones personales, yo no decidí un día que me iban a gustar las mujeres, sino que sospecho algo genético. Pero eso ahora da igual. Lo importante es que ser heterosexual, homosexual, bisexual o asexual  no es una enfermedad. Y por eso, por ejemplo, si ahora la Seguridad Social financiera uno de esos ridículos e inhumanos tratamientos para dejar de ser homosexual pondría el grito en el cielo. Como, recuerde, si usted quisiera arreglarse su nariz gratuitamente porque le parece fea. La Seguridad Social debe servir para curar enfermos.

6.- Yo estoy casado –a más de una le he roto el corazón, lo sé- y no es una enfermedad. Tampoco, lógicamente de nuevo, lo es ser soltero. Y aquí ya no me enrollo: etc, etc…

7.- Un resumen hasta ahora. Apoyamos una sanidad pública y universal. La sanidad pública debe curar todas las enfermedades. Ser lesbiana o ser soltera no es una enfermedad. La causa de que no tengan un hijo no es una enfermedad ¿Por qué entonces debería intervenir la seguridad social para que tengan un hijo?

8.- Pero se ha dado, desde sectores presuntamente progresistas, una respuesta a esto: porque es su proyecto vital. Es decir, mostrando el argumento, la Seguridad Social debe desarrollar los proyectos personales de la gente. Y aquí está lo reaccionario.
Creer que el estado tiene por función desarrollar los proyectos personales es una idea peligrosa. Y lo es por un doble motivo: primero, porque implica una idea de estado que roza el límite, cuando menos, del estado totalitario; segundo, más grave, porque implica una idea de individuo dependiente.

9.- La idea de un estado que desarrolla los proyectos personales es terrorífica. Cuando se defiende, necesariamente el siguiente paso es un estado que elige los proyectos decentes o progresistas y los que no. De hecho, los contrarios al matrimonio homosexual es lo que defienden al señalar que el estado solo debe permitir casarse a un tipo de parejas concretas pues la función del estado es desarrollar proyectos personales determinados –los decentes- que en este caso es decidir qué es y qué no es una familia: unos sí y otros no.
Nosotros sin embargo creemos que el estado no debe desarrollar los proyectos vitales de los individuos porque eso implicaría la elección moral del estado sobre los propios proyectos. Por supuesto, el estado podrá prohibir ciertos proyectos –por ejemplo, la pederastia- pero nunca podrá ayudar a desarrollar otros sino poner las condiciones para que estos se puedan desarrollar personalmente, que no es lo mismo. El estado debe permitir que los homosexuales se casen o adopten, pero no cabe que les obligue a ello.  Ni que les dé algo que no le da a otras parejas.
Si el estado admite que personas no enfermas, lesbianas o solteras o con la nariz fea,  entren en un proceso del sistema sanitario sin estar enfermos, el problema surge en cuándo lo para. Es decir, la selección entre unos proyecto vitales -qué cursi es esa expresión, como si pudieran existir proyectos y encima vitales…- y otros genera un estado que desarrolla unos sí y otros no. Y eso es un estado que decide la vida individual de los ciudadanos ¿Por qué el estado le debe pagar la reproducción asistida  a una mujer sana y no me debe pagar a mí un implante capilar? –lo sé, les he roto el corazón a todos: cada vez más calvo-.

10.- Pero es más grave lo otro: el individuo dependiente. Hay una tendencia social, y que tiene que ver con la estructura ideológica del nuevo capitalismo, que es la idea de que  el individuo no tiene responsabilidad en sus propias decisiones. Así, el proyecto de vida solo debe reportar ventajas y nunca inconvenientes. La idea así de una suave felicidad, nunca enfrentada a lo real, es la clave de la nueva dominación ideológica.
Todo cumplimiento de un proyecto vital implica unas acciones previas. Si quiero aprobar tengo que estudiar, si quiero X tengo que hacer Y.  Cuando se decide engendrar un niño –nota: pone engendrar y no tener un hijo porque la adopción es posible- hay que actuar de acuerdo a un paso previo que  no explicaré debido a mi proverbial timidez. Da igual  ser heterosexual, homosexual, lesbiana o capricornio. Ese proyecto vital, como todos, implica por lo tanto unas condiciones. Un sistema sanitario debe ayudar cuando esas condiciones no se pueden cumplir -se está enfermo, seas heterosexual, lesbiana, soltera o piscis-. Pero todo proyecto vital implica una responsabilidad personal que el estado no sustituye. La cópula macho-hembra es aquí la condición del proyecto. Y esto no puede interpretarse como una pérdida de derechos sino precisamente como una igualdad en el trato: por ser lesbiana no puedes usar la sanidad pública para tu proyecto personal igual que tampoco puede hacerlo una pareja heterosexual que no sea estéril. Pretender otra cosa sería, curiosamente, defender el privilegio de unos (lesbianas y solteras) sobre otros (parejas heterosexuales). Sería la idea de que el estado debe desarrollar unos proyectos vitales, porque son superguays, frente a otros más, sin duda, vulgares. Y yo, como me siento de izquierdas, defiendo mucho la igualdad de derechos. Y como soy de izquierdas, defiendo que el estado no es mi padre: mi vida espero –cosa que sé es falsa en la actualidad- hacerla yo. Y por eso acepto no solo el final feliz de mis actos sino, también, sus consecuencias necesarias. O su final, seguramente, triste.

y 11.- Ser progresista no es defender a las minorías sino defender la igualdad como ciudadanos. Ser homosexual no es algo positivo por sí mismo como ser heterosexual no es algo positivo por sí mismo. Estar casado no es algo positivo por sí mismo como estar soltero tampoco. Debe ser, a nivel de derechos,  algo neutral. Por eso los homosexuales deben poder casarse y adoptar niños. Y por eso mismo el sistema público sanitario no debe pagarles la reproducción asistida por ser homosexuales o  a las solteras.