martes, noviembre 06, 2012

NACIONALISMO E INTERÉS SOCIAL


El sentimiento de amor patrio es tan ridículo que de haber nacido unos kilómetros pa'llá se tendría otro. Sin embargo, aquello que sirve de coartada a acciones políticas relevantes no debe desdeñarse. Amar a Cataluña es tan idiota como amar a España -bueno siempre hay gente, como aquellos osos, llenos de amor- pero el hecho de que eso sea tema fundamental en un país con seis millones de parados y con deshaucios diarios debe llevarnos al análisis ¿Qué se esconde detrás de los nacionalismos en España? ¿Qué hay detrás del clamor por la independencia de Cataluña?

Alguien cándido podría pensar que el tener una lengua propia y una idiosincrasia particular. Pero hay ahí una trampa intelectual. Todo individuo, incluso aunque no quiera, tiene una lengua propia y una idiosincrasia con lo cual no es este el motivo. Pero el nacionalista nos señalará que él habla de pueblo patrio –oh, el pueblo patrio- y no de particulares. Y ahí empieza la trampa pues lo que es una abstracción intelectual de la filología -gente que habla una misma lengua- se convierte -por mor del romanticismo, el interés geopolítico prusiano y la burguesía alemana decimonónica- en sujeto político. Se puede hacer sin duda, pero también se puede negar. De hecho, si la lengua propia y la idiosincrasia fuera la causa última del nacionalismo este habría existido desde siempre y aún con más fuerza antes que ahora cuando las condiciones de aislamiento eran mayores. Sin embargo, no se tiene noticia de que los cavernícolas fueran nacionalistas patriotas –hasta ahora-.

Así, la causa última del nacionalismo no es lengua y patria sino algo más prosaico. Vengamos a España -uy, perdón, al estado español- y pongamos el caso, paradigmático, de Cataluña -uy, perdón de Catalunya mientras pienso en London- ¿A qué viene la cuestión independentista?

Los datos sociales son interesantes, los datos sociales son básicos. Y hay un dato muy curioso en la cuestión catalana: qué apoyos explícitos y claros tiene la aventura independentista. Resulta curioso, en primer lugar, que la idea de catalanidad como hecho relevante traspase las fronteras ideológicas. Efectivamente, el antiguo tripartito catalán, colmo de la izquierda en aquellos tiempos de ZP, se presentó a sí mismo, con la simpatía de la autoproclamada izquierda nacional, como catalanista y de izquierdas - ¿alguien se imagina algo así como españolista y de izquierdas? Pues eso, sin duda, es importante-. Efectivamente, mientras que el ferviente sentimiento nacional español ha quedado reducido, justamente, a la derecha y al fútbol, sin embargo el sentimiento patriótico de provincias escapa a una definición política precisa: todos compiten por ser catalanes –y por supuesto, del Barça-

De esta forma, hay algo en el nacionalismo catalán que va más allá de la ideología política. Alguien podría decir que es un sentimiento. Pero los sentimientos con implicaciones políticas y sociales, como el fascismo, deben ser explicados. Y como en el fascismo, detrás del sentimiento late el interés.

Pero cuando hablamos de interés en sociología no nos referimos a algo consciente individualmente, sino al interés objetivo de un grupo que puede ser explícito en un individuo o no. Así, un integrante de dicho grupo puede defender esas ideas por altruismo personal, incluso en emocionante amor patrio, pero lo importante es por qué su grupo social lo defiende como tal grupo. Por esto, hay que conocer qué grupos defienden el independentismo de una forma desaforada para desentrañar el sentimiento.

Además, lo citamos como quien no quiere la cosa, durante cuatro años el tema estrella de Cataluña fue el estatuto. La cosa parecía fundamental políticamente y un hecho básico para la población y de una magnitud popular sin precedentes: uno se imagina al pueblo catalán emocionado. Al final, ni el 50% fue a votarlo.
Unamos cabos sobre ese espíritu de independencia ¿Quién puede estar interesado en ella?

El grupo social que más gana con la independencia es, no curiosamente, una oligarquía: la clase política. Efectivamente, tal y como ya demostró el estatuto, quien está detrás del triunfo independentista, o de su amenaza, es la oligarquía política catalana. Esta sabe que, como en los virreinatos, en España tiene un techo de poder regional mientras que en un presumible estado independiente, o con su amenaza, su cuota de poder, y lo que ella implica, aumenta. Así, la clase política ama una Cataluña independiente -o su amenaza- que la permite multiplicar su poder. No es la razón de un sentimiento sino de algo más prosaico: una Cataluña independiente implicaría inmediatamente una subida de escalafón.

El segundo grupo social que más ganaría es la pequeña y mediana empresa. Efectivamente, el proteccionismo económico realizado por las administraciones catalanas, y eso y no otra cosa está detrás de las políticas lingüísticas que han servido para convertir Cataluña en un campo económico cerrado a la competencia a través de una lengua minoritaria como el catalán, ha generado un interés en la pequeña y mediana empresa sobre cuánto aumentaría este proteccionismo con un estado independiente. Así, el sueño del tendero de un país catalán se cimenta sobre la base de que la pequeña empresa no nacional no pueda competir: no sabrá decir calcetín en la lengua adánica. Y esto explica que, sin embargo, la gran empresa dude del fervor patrio. Por ejemplo, el presidente del Barca ya ha anunciado que su club, bueno más que un club, jugaría la traidora liga española aunque desde la catalanidad de Messi –por cierto, ¿hablará Messi, sin duda actualmente el mejor jugador del mundo, catalán?-. El Barça sueña con España y Europa mientras, la pequeña empresa sueña con un Hospitalet luchando por un puesto para la Champion desde la liga catalana.

Pero, ¿esta sucesión de ideas marxistas puede explicar tanto interés por la independencia? ¿Y la gente que acude a manifestaciones? ¿Y, descreído traidor marxista, el pueblo catalán? Dejando de lado que imagino que la mayor manifestación habida en Barcelona debe seguir siendo la celebración de la Champion 2011, por supuesto hay ahí una aparente dificultad. Resulta difícil de creer que todos y cada uno de los patriotas catalanes tengan un interés pecunario concreto: incluso imagino que ni tan siquiera se han parado a preguntarse la causa de su patriotismo. Pero, tampoco, hay que olvidar algo. Todo este estallido patrio se produce, como el fascismo, en época de crisis. Así, la gente cree que la culpa de los hospitales cerrados en Cataluña por el gobierno independentista, ya este ya el anterior, la tiene sin duda la población de Extremadura a la que también le cierran sus hospitales. Al fin y al cabo, lo que la izquierda no desea permitir y con razón socialmente, que quien más tenga más reciba, sin embargo sí parece que quiera permitirlo folclóricamente –en su, eso sí, sentido alemán, que cuando me pongo pedante me pongo pedante; o sea, sí se admite si se trata ya no de un individuo sino de un presunto pueblo-. Así, el catalán medio piensa que sus impuestos solo deben servir para su comarca del mismo modo que el rico medio piensa que sus impuestos deben contribuir a la subvención del caviar. Y eso en España tiene un nombre: cupo vasco (o navarro). Y ahí se encierra todo el problema: la oligarquía catalana quiere ser como la navarra o la vasca y como no ha tenido un grupo terrorista pues tarda un poco más en conseguirlo –uy, lo que he dicho-.

Efectivamente, detrás de todo el ferviente nacionalismo catalán y el somos una nación solo hay una unidad de destino en lo universal: ser una entidad financiera a servicio de la oligarquía como cualquier patria. Ya lo señaló Mas: si Rajoy hubiera aceptado el pacto fiscal… Cataluña, oh el pueblo, quiere pagar menos impuestos. Traduzco del catalán: la oligarquía provinciana quiere pagar menos impuestos a la chusma universal que incluye a los trabajadores que viven en Cataluña.

Ser marxista tiene un componente triste: la teoría se aplica también a uno mismo. España es una unidad de destino en lo financiero, es cierto. Por eso, también Cataluña: cualquier nación. Hoy, intentaba explicar qué es el bosón de Higgs en Filosofía y acababa diciendo que cuando se confirme su descubrimiento un grupo pensamos ir a Cibeles –la fuente donde en Madrid se celebran los triunfos de la selección- para celebrarlo. Una alumna ha señalado educadamente que iremos tres frikis y yo he dicho que si va tanta gente a celebrar un mundial o una Eurocopa sin duda irán millones a celebrar algo más importante: ¿o no?. Y un alumno, entonces, ha preguntado que si yo no me alegraba del triunfo de España. Me da igual, he contestado con sinceridad. Y él, costernado, ha añadido,
pero es que es España,
pero es que es España…

5 comentarios:

Don Güapo dijo...

El debate del nacionalismo es muy interesante, pero no por lo que pudiere creerse a priori, sino porque siendo uno de los asuntos más insidiosos políticamente y malignos históricamente, es posible que asistamos a su estertor, por la misma razón que asistimos al estertor de la izquierda: su incompatibilidad con el avance del capitalismo, en este caso concreto, con el futuro del Euro, que no es un capricho alemán para dominar el Mundo ni un invento de una oligarquía fantasma, sino una necesidad para la supervivencia regional en el teatro global, y que resultaría inviable con una ruptura en España, como ya le han recordado desde Bruselas al equivocado Mas.

Explicar los costes económicos, las implicaciones exteriores, incluso las geopolíticas de una ruptura, entiendo que sobra, aunque aprovechando que menciona a Higgs, podría utilizarse una analogía certera: para vencer las fuerzas que mantienen unido al núcleo atómico, hace falta enormes cantidades de energía.

No parece que las jornadas particulares nacionalistas sirvan para ello.

Anónimo dijo...

Llevo mucho tiempo leyendo este blog y siempre me han parecido muy acertados la mayoría de análisis que se han hecho aquí. No me gustaría tener que cambiar de opinión, pero pocas veces he leído tantas tonterías juntas.

Ante todo, quiero decir que la política de Mas me es tan ajena como la de Rajoy, pues sepan ustedes que Mas no se ha contentado con los recortes del Estado central, sinó que ha aplicado muchos más, los más duros de todas las comunidades autónomas, especialmente en educación.

Sin duda no hay nada que negar en el tema de interés: a la clase política catalana le interesa el estado propio pues significa tener más poder. ¿Me importa a mi quién tiene el poder, si unos u otros? Quizás me favorece a mi también, adelanto.

Por otro lado, es cierto que en Cataluña siempre ha habido un porcentaje importante, pero no mayoritario, que ha querido la independencia por motivos nacionalistas/identitarios.

Pero si usted conociera la realidad catalana como la conocemos los que vivimos en Cataluña conocería la situación del párrafo anterior, pero también sabría usted que sólo hace falta hablar con la gente de a pie y leer los diarios de cualquier tinte para saber que el auge del independentismo no viene por motivos identitarios sino por dinero, llanamente (véase chistes sobre catalanes que irían muy bien aquí).

La cuestión es que, estemos de acuerdo o no, las cortes españolas(subrayado), aprovaron el estatuto catalán, en el que consta que hay que devolver los ingresos fiscales, proporcionalmente a lo que se contribuye. Pues el Gobierno español lleva años sin cumplirlo y sin intención de hacerlo. Entonces, si a uno, encima de prometerle algo y no hacerlo, ni tiene la intención de sentarse para hablarlo (hablo de Rajoy), algo que debería ser básico en democracia, pues ya no sabe uno qué hacer.

Y no hay nada que me repugne más que el sentimiento patrio, sea del color que sea, pero coincido por una vez con ellos por motivos tácticos, tal y como piensa usted y yo sobre la política: se hace por interés. Y sin duda aparece todo esto en situacuón de crisis, porque aunque estos argumentos ya existían hace muchos años cuando falta la guita moleta más que te roben.

Punto aparte, me ha hecho mucha gracia que sacara el tema del fútbol. Argumentos así no merecen la considreación de ser respondidos. Ciertamente, me importa una boñiga (qué fino soy), como si juegan en la liga del Senegal. No haría mucha gracia para los futboleros una liga Barça vs. Español vs. Nàstic.

Nicolás dijo...

¿Qué sería de la historia sin el nacionalismo, y de las guerras y de los muertos y de la sinrazón? Pero no solo de los nacionalismos periféricos sino también de los castellanos. Véase la serie Isabel y hablemos de nacionalismo después.

Anónimo dijo...

La tribu evolucionó y dio paso a los imperios, sin más aglutinante universal que Dios. Cada imperio el suyo.
Pero llegó la Ilustración e invento la “nación” como aglutinante.
Al concepto de “Nación“ que inventaron los franceses, para rematarlo, los alemanes le añadieron el de “Kultura”.
Fue como volver a la tribu pero con la ESO terminada.

Los judios que, hasta ese momento, para sobrevivir debían abandonar su religión, ahora con la Ilustración, para sobrevivir, tenían que, obviamente, dejar su religión, pero además debían dejar de ser judios, y eso sólo con la transubstanciación de Aristoteles sería posible.
Los socialistas nacionalistas alemanes consiguieron transubstanciarlos en jabón.

Y esto explica el porqué los judios inventaron el internacionalismo: para entretener a los gentiles mientras ellos se creaban su nación ilustrada y poder defenderse. Pura supervivencia.

No es igual una “Nación”, aunque se llamen igual, como entidad jurídica y política (España), que la “Nación” como entidad tribal (Nación Siux, Nación Catalana, Nación Vasca, Nación Aria…)
Y de lo que Ud. habla, Don Enrique, es de una nación tribal, una nación racialista.
Mejor dicho, Ud. no habla de ello, pues su inocencia le incapacita para verlo, pero el racialismo es lo que prevalece en la raiz del concepto “Nación Catalana”:
Pere Mártir Rosell i Vilar (Esquerra Republicana de Catalunya): “Diferéncies entre catalans i castellans”, “Raça (Raza)”.

Hasta la II Guerra Mundial, la lengua no tenía ninguna importancia, Savino Arana decía que “prefiero un vasco que sólo hable castellano, a un castellano que hable vascuence”.
Pero tras la II Guerra Mundial el racialismo, que incluso Salvador Allende apostolaba en su tesis doctoral, quedo tan desprestigiado, que tuvieron que inventarse un sustituto más vendible.
La “Raza” fue sustituida como aglutinante por la “Lengua” que abarcaba las mismas lindes geográficas.

A la linde geográfica racial se le superpuso la linde geográfica linguista y a esta se le superpone la linde económica de su análisis y a esta se le superpone, tan idénticamente como las otras, la del estado federal del PSC.
No hace falta ser muy espabilado para darse cuenta de lo sospechosa que es tanta coincidencia en las lindes, con intereses y motivos, supuestamente tan diferentes.

Yo prefiero, sólo por ser algo, —como diría el difunto Agustín García Calvo— ser español, español, español… aunque no me gusta el futbol, pero en mis lindes, aunque ahora llueve, hubo un momento en que no se ponía el sol.

Un Oyente de Federico

Enrique P. Mesa García dijo...

Por partes:
D.Güapo: lo del euro ya lo hablamos (de hecho, lo hablo frecuentemente en este blog).
D. Anónimo: si yohe querido expresar que era una cuestión económica.Mire lo que digo: "Cataluña, oh el pueblo, quiere pagar menos impuestos. Traduzco del catalán: la oligarquía provinciana quiere pagar menos impuestos a la chusma universal que incluye a los trabajadores que viven en Cataluña." La diferencia es que yo señalo que es igual un recortado de extremadura que uno de Cataluña.Para usted tal vez no. Por cierto, lo del fútbol,en Cataluña, reconozca que es muy importante.
D. Nicolás: de acuerdo. Si encuentra usted en este blog algo de nacionalismo castellano hágamelo saber.