viernes, julio 07, 2006

PAZ Y RENDICIÓN/2

Analicemos, después de nuestro artículo anterior, algo más. Dice Zapatero en su declaración:

En más de una ocasión me han escuchado decir que el futuro de Euskadi exige un gran acuerdo de convivencia político. Concretamente, en el debate sobre el Plan Ibarretxe, "si vivimos juntos --afirmé en aquella ocasión--, decidimos juntos". Un gran acuerdo político de convivencia.

A ver, una cuestión. ¿Es que ahora no hay un acuerdo de convivencia? Cualquier ciudadano de Bilbao, por ejemplo, tiene una serie de derechos democráticos. Eso, que uno sepa, sería su acuerdo de convivencia. Los únicos que han roto dicho acuerdo son ETA y su entorno, por lo tanto no se entiende bien a idea de acuerdo. ¿Acuerdo para quien? Porque se supone que un acuerdo no se hace sólo en aras de que todo el mundo esté contento sino con una visión un poco más, cómo decirlo, tal vez de izquierdas: con justicia. Si el acuerdo actual era injusto se tendría que haber dicho hace tiempo. Si no lo es, ¿por qué cambiarlo? Es decir, el gran acuerdo de convivencia está ya y por lo tanto lo único que se debe exigir es que quienes no lo acatan a través de la violencia y el delito vayan a la cárcel.

Pero, ¿cuál será el acuerdo? Pues la reunión con Batasuna señala un principio. No se trata, no crean, de romper España -por cierto, al fin y al cabo España como unidad inquebrantable es tan mito como Euskalherría o el País de Oz y su existencia como nación o, ahora, realidad nacional-, sino de algo más simple: hegemonizar la sociedad para seguir ganando. Cuando los partidos ya se han convertido exclusivamente en instituciones sociales que buscan el poder, la idea clave de todo este proceso, vamos a ser serios, no hay que buscarla en ansias de paz, aunque sean infinitas, sino en el propio poder.

Así la negociación con ETA y Batasuna, pues van en el mismo pack, debe entenderse en una clave estratégica de o bien acceder al poder o bien mantenerse en él.

En primer lugar, analicemos la situación en el País Vasco. ¿Qué se busca? Derrotar al PNV o, al menos, hacerle negociar cuotas de poder. Y para ello, con el empate técnico actual más el previsible hundimiento del PP por no haber apoyado la paz (o sea, la rendición), poder negociar en una actitud de fuerza siguiendo el ejemplo (fracasado) del tripartito o, aún mejor, presentando el fantasma de Batasuna para pactar en realidad con el PNV. La idea es simple y consiste en que el PSE tendrá para pactar una bala en la recámara: Batasuna y sus votos. Así, el PNV perderá su hegemonía (los votos de Batasuna resultan claves) y el PSE ganará cuota de poder.
Pero, y aquí está el segundo punto, ¿y en las elecciones generales? Una vez visto que la política económica de PSOE y PP es la misma y que no logra despegarse en las encuestas, lo único que parece poder ser un elemento determinante es el fin, como sea, de ETA. Efectivamente, las encuestas que hasta hace poco marcaban una paulatina tendencia al acercamiento del PP al PSOE se han vuelto a separar, de hecho, con el tema de la negociación. Si ésta triunfa, es decir: si como sea ETA deja de matar, el PSOE volverá a ganar las elecciones. Si no, si ETA vuelve a matar (pues cualquier otro tipo de terrorismo, como la extorsión, ya se ha visto que no cuenta) perderá las elecciones.
Pero, ¿quiero esto decir que Zapatero es mala persona? Pues no, porque como ya comentamos no se trata de algo relacionado con la conciencia individual sino con estructuras sociales objetivas. Del mismo modo que el empresario disocia su ética personal de la pública donde cabe la explotación, y no por ello es mala persona, el político, en aras de la profesionalización, realiza la misma tarea.
¿Y el PP? Porque parecería que aquí es el bueno. Pero, nadie se engañe, tampoco. Tan institución social como cualquier otro partido su estrategia se entiende desde el mismo paradigma aquí presentado. Pero eso, ya, otro día.

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